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Caso Esterlich: era un hobby y ahora venden trajes de baño a otros países

Victoria y Pía Estelrich comenzaron diseñando por gusto. En 2010 hacían 400 prendas y hoy ya suman 20.000. Desde abril, las dos hermanas venden a Japón y a España. El próximo paso será alcanzar el mercado de Nueva York.

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Las hermanas Estelrich, Victoria y Pía, empezaron por gusto a diseñar trajes de baño. En el 2010 se tomaron en serio el hobby y consiguieron hacer 400 prendas. Pero pasaron 7 años y hoy se encuentran diseñando 20.000 por temporada. En abril comenzaron a vender a Japón, un mercado muy difícil y competitivo para entrar. Desde esta semana, además, están vendiendo en Madrid y el próximo paso es llegar a Nueva York.

Aun con el contexto adverso que tienen las pymes en la Argentina y sorteando todos los obstáculos que se ven obligados a pasar los que se atreven a poner en marcha un microemprendimiento, desde que arrancó, la marca de mallas Victoria Estelrich duplicó la producción cada año.

El crecimiento de esta pequeña pyme local, que se hizo aprovechando algunas herramientas que brinda el Estado a los emprendedores, con fondos propios, sin endeudarse y a puro pulmón, supera cualquier tasa china: creció en producción el 100% por año.

Actualmente, además del negocio que abre por temporada en Mendoza, tiene uno en Palermo y el shopp de venta online. Pero también tiene puntos de venta en 33 lugares del país, y cinco en Chile. Ahora se suma la venta en Japón y un negocio de Madrid.

La clave, según sus fundadoras, ha sido trabajar a pulmón y diferenciarse. “La única salvación es hacer un producto diferente con identidad propia. La competencia en el rubro textil es feroz, hay oferta de marcas y fábricas de todos los tamaños, y para enfrentarse a los gigantes hay que hacerlo buscando la diferencia”, sostienen las chicas.

En realidad, Victoria estudió Diseño de Indumentaria y empezó a esbozar algunas ideas allá por el 2007. De a poco, involucró a su hermana Pía, que estudiaba Fonoaudiología, y convirtieron su hobby en negocio.

Lo primero que decidieron fue que para poder hacerse un lugar en un rubro altamente competitivo, como es el de los trajes de baño, había que hacer algo con sello propio. Para eso aprovecharon una línea de crédito de la Secretaría Pyme de la Nación, que estaba disponible para poder comprar una máquina estampadora. Ellas resolvieron crear y armar los diseños de las telas para asegurarse materia prima exclusiva. Sólo compran lycra blanca de origen nacional –porque dicen que es de muy buena calidad– y ellas les hacen las estampan que prefieren.

El salto hacia el exterior fue necesario para darle sustentabilidad al negocio durante todo el año.

De lo contrario, es muy difícil hacer que el negocio sea rentable si se trabaja unos pocos meses al año. En principio, las jóvenes tenían los negocios abiertos seis meses. “Pero sostener la estructura y los empleados se hace muy complicado. Por eso decidimos que la mejor forma era vender en otro Hemisferio”. Así aprovecharon la convocatoria del programa Pyme Exporta, que en setiembre del año pasado las invitó a participar en una feria en Japón. En total quedaron 10 diseñadores del país seleccionados para participar.

“Fuimos a Osaka y nos fue muy bien. Sabíamos que era un gran desafío porque la cultura, los estilos, todo es muy diferente, pero nos arriesgamos”, sostiene Pía.

“Las japonesas usan trajes de baño con un estilo diferente al nuestro. Son de contextura más chica que nosotras, nuestro talle S es un L para ellas. No muestran tanto el cuerpo, no usan trajes cavados y son más cubiertos. Pero teniendo en cuenta esas consignas diseñamos y confeccionamos, siempre preservando nuestra identidad”, cuenta Victoria.

“En abril mandamos 1.000 prendas. Allá está empezando la temporada así que esperamos que funcionen bien. El pedido es para una firma que vende on line sólo nuestra marca y la marca Roxy, la línea femenina de Billboard, una marca que es referencia mundial”, afirma Pía.

“Fue muy difícil cumplir con todos los requerimientos que exigía el mercado japonés: pedían certificados de calidad, normas de etiquetado especial, proceso de elaboración libre de químicos. Al principio todo nos parecía chino básico, pero en tan sólo cuatro meses lo logramos”, recuerdan Victoria y su hermana. Fuente: Diario Uno