Convertirán a la bodega Gargantini en un museo y tendrá un perfil turístico

Por U$S150.000, la municipalidad de Rivadavia compró la bodega Gargantini. La Municipalidad firmará la escritura y concretará el pago en un plazo no mayor a 60 días. Posee 4 casas y una herrería. El edificio principal, con su fachada histórica, es un símbolo de una de las mejores épocas de la vitivinicultura.

Compartir

Por U$S150.000, Rivadavia compró la bodega Gargantini
Rivadavia. “Esto no es comprar un edificio, es comprar una historia, un sentimiento, comprar algo que hace a la cultura de un pueblo”, dijo Miguel Ronco, el intendente de Rivadavia. Así se refirió a la concreción de la compra por parte de la Comuna de las instalaciones de la emblemática Bodegas y Viñedos Gargantini, símbolo de una de las mejores épocas de la vitivinicultura nacional.

Con una inversión de 150.000 dólares, un desembolso muy escaso si se contempla la superficie, la calidad de las edificaciones y el valor histórico que tienen, la Comuna ya firmó la intención de compra y en un plazo no mayor a 60 días firmará la escritura y realizará el pago.

“Compramos el edificio principal, con su fachada histórica, la champanera, lo que queda de un galpón, el laboratorio, las cocheras, la sala de degustación, la maternidad, cuatro casas que hay allí y la herrería”, detalló el jefe comunal.

El resto de lo último que pertenecía a Gargantini fue adquirido por un particular, gracias a que la Comuna logró acordar con ellos, ya que el vendedor deseaba hacer una única venta, en conjunto.

Ronco, que había comenzado a trabajar en la idea de compra desde mediados del año pasado, como ya se había contado oportunamente en este medio, explicó que “tuvimos que trabajar mucho, porque nos costó encontrar la punta del ovillo, que era establecer quiénes eran los dueños actuales”.

Finalmente se logró encontrar al único propietario y hacer el acuerdo, también logrando acordar con un particular, “la familia Carbonero”, para que comprara las hectáreas de tierra que quedaban disponibles y que al municipio no les interesaba particularmente.

El jefe comunal sostuvo que todo el complejo tendrá un fin turístico. “Allí podremos hacer el Museo del Vino y mostrar todo lo relacionado con la producción de la zona”, dijo.

Además rescató la “visión de futuro que tuvo la familia Gargantini cuando construyó ese lugar, que contaba con maternidad, escuela, iglesia, tres subsuelos para las cámaras de frío de la champanera, un túnel que cruzaba por debajo de la calle y que llevaba a la destilería de grapa… Cientos de cosas que fueron un emblema de la época y del departamento. Aquí trabajaban 1.500 personas por temporada”.

Bodegas y Viñedos Gargantini fue mucho más que una empresa. Hoy, quienes viven en la zona, se definen como “gargantinianos”. Tan importante fue.

El fundador, Bautista Gerónimo Gargantini, nació en 1861 en Lugano, capital del cantón suizo de Ticino. Era albañil y pintor de brocha gorda y en 1883 llegó a Buenos Aires buscando un mejor futuro. Trabajó un tiempo como albañil, pero después resolvió radicarse en Mendoza. Vendió fiambres y embutidos en el Mercado Central y fue en esa época que conoció a Juan Giol y Pascual Toso. Allí comenzó todo. Decidieron incursionar en la elaboración de vinos. Fuente: Diario Uno