El Termas de Cacheuta, entre los hoteles “gloriosos” de Argentina de más de 70 años

Está en pie desde 1910, cuando abrió con 152 habitaciones, cada una con su baño termal. Resistió aludes y temporales. Reabrió en 1986. Se mantienen la torre histórica original, la capilla, la piscina, algunas paredes y la hermosa balaustrada.

Compartir

Son de otra época, pero lograron actualizarse y llegar airosos al siglo XXI. Varios de ellos (el Correntoso, el Llao Llao y el Termas de Reyes, por lo menos) estuvieron largos años cerrados hasta que encontraron inversores. El Termas de Rosario de la Frontera (Salta), por su parte, está siendo remozado en la actualidad. Son unos pocos entre tantos que cerraron. Estos tuvieron la fortuna de su lado y lograron sortear tembladerales climáticos, económicos y familiares. Y mantienen estoicos y orgullosos con sus años e historias a cuestas.

En un artículo publicado por La Nación, rescatan al hotel de Cacheuta entre esas joyas.

Figuran en esa lista, además, el Correntoso, en Villa La Angostura (Neuquén), el Llao Llao (Río Negro), el Termas de Reyes (Jujuy), el hotel Termas (Salta), El Viejo Hotel Ostende (Buenos Aires), Hotel Plaza (Buenos Aires), Hotel Alvear (Buenos Aires), Sierras Hotel (Alta Gracia-Córdoba), el Hotel Loma Bola (San Javier-Córdoba) y Yacanto (en Yacanto, Córdoba).

 

Termas de Cacheuta

El hotel es un clásico a los pies de la cordillera. El complejo resistió aludes y temporales.

Está en pie desde 1910, cuando abrió con 152 habitaciones, cada una con su baño termal. El hotel Termas de Cacheuta contaba con dos torres con ascensores, uno que comunicaba un andén exclusivo del tren que llegaba al lobby, y el otro trasladaba a los pasajeros desde el hotel hacia los baños termales.

El 10 de enero de 1934 fue un día negro en su destino. Todo comenzó cuando el glaciar del río Plomo obstruyó la quebrada del cerro homónimo, haciendo una represa natural, que durante años fue acumulando agua y formando una gran laguna. Ese fatídico 10 de enero, el glaciar no soportó más la presión y colapsó.

El agua bajó destruyendo todo a su paso. Cuando llegó a Cacheuta era una ola de siete metros que avanzaba a 35 km por hora y chocó contra uno de los costados del hotel, inundando por completo los baños termales y destruyendo una buena parte de las instalaciones. Allí comenzó su decadencia, que terminó con su clausura a mediados de los 70. Sufrió varios saqueos, hasta que fue concesionado y reabrió en 1986. Se mantienen la torre histórica original, la capilla, la piscina, algunas paredes y la hermosa balaustrada. Fuente: La Nación