“Para comunicar el vino, hay que dejar de lado el bla bla y el verso”

Lo afirma Alejandro Maglione, quien se define como “un señor que ya tiene 50 años de periodista y especialmente me he dedicado a todo lo que es el mundo enogastronomico”. Una palabra autorizada para hablar de vino y gastronomía. / Por Oscar Pinco

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“Hay que comunicarlo (al vino) de una manera sencilla, apartarse de todo lo que es la terminología como antocianos, polifenoles, fermentación maloláctica”, asegura Alejandro Maglione, quien se define como “un señor que ya tiene 50 años de periodista y especialmente me he dedicado a todo lo que es el mundo enogastronomico”.

Maglione es una palabra autorizada en materia de vinos y gastronomía, ya que es presidente de la Asociación de Periodistas Gastronómicos Latinoamericanos (APEGLA), escribe en el Diario La Nación, conduce el programa radial “La Isla de los Sibaritas” (por AM1420 en Buenos Aires), colaboró en fundar y dirigir revistas como Cuisine & Vins hace más de 30 años, y todos los viernes es un conspicuo lector de EcoVinos, además de jactarse de tener “la suerte de ser nieto del fundador de la primera bodega que elaboró champán en la Argentina, en 1912 en San Juan, que fue mi abuelo Francisco Maglione que fundó la bodega Duc de Saint Remy”

-¿Cómo ves la caída del consumo del vino en la Argentina?

-El tema del decrecimiento del consumo del vino en la Argentina desafortunadamente estamos evaluándolo como un fenómeno mundial, del que Argentina es parte. La crítica británica Jancis Robinson acaba de decir que en España los vinos del Penedés cayeron en picada en sus ventas por los precios absurdos que alcanzaron, y ella misma dice que en el mismo país los vinos de Galicia han aumentado sus ventas. Escudarse en lo que ha sido la retirada de la gente en el consumo del vino en factores externos “ajenos a mi voluntad” es no poder hacer nada, hay que tratar de tomar conciencia que “yo soy el responsable de lo que ha pasado”, entonces de esa manera no va haber problemas para hacerse cargo, para imaginar una nueva acción para seguir.

Alejandro Maglione junto a Oscar Pinco, de Eco Vinos
Alejandro Maglione junto a Oscar Pinco, de Eco Vinos

-¿A qué obedece de que la gente se fue alejando del vino?

-En mi opinión, lo que el vino fue haciendo lentamente fue sofisticarse para los vinos de alta gama y de precios impagables para el común de la gente. Y al mismo tiempo vino un fenómeno que fue que los sommeliers y los enólogos se pusieron a vender los vinos, oficio para el que no fueron formados, porque el enólogo es un señor para trabajar en la bodega y en el laboratorio recibiendo las uvas y acompañando al agrónomo en un surco, no para estar hablando de vinos y vendiendo, pero se le dio esa entidad unos años atrás. Ahí los tenemos hablando como si fueran estrellas de la radio y la televisión, lo cual ¡Ni fu, ni fa! Pero lo que es real que tanto los enólogos como los aparecidos sommeliers -que no existían hace 20 años atrás- de alguna manera para justificar su oficio, empezaron hablar del vino en unos términos que la gente empezó a considerar que para tomar una copa de vino tenía que ponerse a estudiar los tratados del padre Francisco Oreglia, sino no podían probar más un modesto vino común de mesa o tetrabrik.

-¿Y eso espantó a los consumidores?

-Al mismo tiempo se alejó del consumo a la gente, prohibiendo que le colocaron un cubito de hielo en una copa de vino en los que son precios de entrada o ‘entry price’, o utilizar la soda que el argentino se cansó de usar durante muchos años, y cuando consumía 90 litros per cápita por año, y al mismo tiempo figuras como el Gato Dumas lo promovían con un cubito de hielo y lo disfrutaban en el verano.

-¿Cómo hay que hacer para recuperar a ese público?

-¿Cómo hay que recuperar la presencia del vino en las mesas argentinas? (se preguntó). Yo creo que ajustando precios y hacerle saber a la gente que no todo vino es caro. Porque también intimida una etiqueta rebuscada porque uno ya no se atreve ni a preguntar cuál es el precio de ese vino. Y decirle a la gente que tienen vinos en la gama de 75 a 130 pesos extraordinarios, comparados con el mundo tenemos que estar muy orgullosos porque en esa gama tenemos vinos fabulosos.

Y comunicarlo de una manera sencilla, apartarse de todo lo que es la terminología como antocianos, polifenoles, fermentación maloláctica. Trate de imaginar la gente del común que recibe ese tipo de términos, entonces se sienta frente a una copa de vino y todo lo que puede hacer es sentirse inhibido. Se pregunta: ¿Sabré distinguir la pera, la manzana, el petróleo, el grafito, el regaliz, que aparece en esta copa? Fue todo un disparate, un floreo, una egomanía que llevo a las consecuencias en las que estamos: precios absurdos, comunicación equivocada. Hay que volver a comunicar a la gente con sencillez. Y citaría a dos personas: al querido Ricardo Santos (ex dueño de Norton) que se cansa decir desde hace lustros que el mejor vino es el que a vos te gusta. O sea, no darle vueltas a la cosa. El francés Émile Peynaud que se puede decir que fue el creador de la enología del siglo XX tiene en uno de sus tratados iniciales una frase maravillosa: ‘A mí me agradan los vinos que saben a la cepa de qué están hechos’. Ni más ni menos, todo lo demás es ‘Blablaterío’ y verso.

-¿Otro tema son los maridajes? Más sofisticación…

-En el tema de armonización de platos con vinos hay un momento en que vos decís: “a mí me gusta la pasta con el vino tinto”… y alguien dice que la pasta debe combinarse con vino blanco… ¡Pero a mí me gusta con vino tinto! Considero que no tenés que someterte. Aunque hay armonizaciones que pueden llegar a ser perfectas y en la boca va a quedar fabuloso. Lo que no tolero es la usanza brasilera que comen el asado, el churrasco como le dicen ellos, con cerveza.

-¿Cómo se dice: espumantes o espumosos?

-Por favor, pongan espumosos y no Espumantes. Salvo que digan gaseantes en lugar de gaseosas. Unos tienen gas, otros la generan. No tienen nada que ver. El término fue un error de un legislador al ponerlo como sinónimos en la normativa.

-¿Blend o vino de corte?

-Sean ustedes los que hagan punta en dejar de usar en la Argentina el término “blend” para los vinos. El vino habla bien español y a esos vinos los llama de “corte” o francés “assamblage”. Los norteamericanos adoptaron el término que se usa en el whisky para las maltas y todos corrimos a usarlo. Lo mismo con el atroz uso de espumantes en lugar de espumoso…