Con fines operativos o foco en la hospitalidad; en la búsqueda de fundirse con el entorno o con la idea de sobresalir; siguiendo tipologías clásicas o con propuestas rupturistas. De un modo u otro, las bodegas buscan que, como sus vinos, sus casas se destaquen y atraigan visitantes. En esta nota, realizada por la periodista Daniela Rossi para el sitio Vinómanos,  (sin criterio de ranking porque todas son deslumbrantes) se invita a visitar 12 bodegas de Mendoza con arquitectura que sorprende.

Arquitectura de bodegas: las joyas de Mendoza

1. Diamandes, una plataforma a los Andes

La relación entre el vino y la naturaleza fue el eje de la construcción de esta bodega que es parte de Clos de los Siete y está emplazada en Vista Flores. Diseñada por el estudio Bormida&Yanzón con estilo contemporáneo, tiene una planta lineal con las salas de elaboración en niveles subterráneos. Llama la atención su plaza central, una explanada con vistas a los Andes que por abajo crea una original disposición circular para la imponente cava.

2. Catena Zapata, con inspiración maya

Construida en 2001, esta bodega surgió cuando Nicolás Catena encontró en Tikal, Guatemala, la inspiración para su establecimiento en Agrelo. Fue proyectada por el arquitecto Pablo Sánchez Elía y sigue la forma piramidal de los centros mayas, una manera de resaltar los vinos del Nuevo Mundo. Por fuera, son protagonistas piedras y maderas autóctonas, y adentro se destaca la luz natural que ingresa por una claraboya.

3. Alfa Crux, con la fuerza del hormigón

Una cenefa que corta el cielo y un edificio de hormigón que emerge entre los viñedos: así se ve Alfa Crux. En La Consulta, al ingresar a la bodega los corredores conducen hacia la imponente cava, a 10 metros bajo tierra y en la que se aprecia una cruz de luz natural que llega desde el exterior. Con una parte subterránea y otra con salida a la plaza exterior está el wine store; en un cubículo acristalado, sobre un espejo del agua, se puede disfrutar del restaurante Crux Cocina, con plena vista a la Cordillera.

4. Durigutti, la vuelta al pueblo

Una bodega de fines del 1800 fue la casa de Durigutti Winemakers hasta 2017, cuando empezó la etapa que aún transitan. En Las Compuertas crearon Finca Victoria, “un nuevo capítulo que renueva el espíritu y el legado familiar, nuestro proyecto de vida”, dicen Pablo y Héctor Durigutti. La finca con certificación orgánica se construye en módulos alrededor de un espejo de agua de 6000 litros; en la última vendimia estrenaron la nave secundaria y trabajan en el laboratorio y la creación de pequeñas villas turísticas. El proyecto implica el rescate cultural del corredor histórico de la Ruta Provincial 82 y de sus viñas centenarias. Sueñan con crear un pueblito “donde la gente pueda encontrarse”.

5. Salentein, con la austeridad del desierto de Tunuyán

Una nave principal, una pequeña capilla andina y Killka, el centro de visitantes, que tiene 5000 m2: así se conforma Espacio Salentein. El edificio tiene forma de cruz, con cada ala con una pequeña bodega de dos niveles. La cámara circular rememora un anfiteatro antiguo. Resguardar más de 49 hectáreas de monte desértico fue el eje en el que se diseñó el paisajismo que rescata la flora nativa. En el exterior está el Parque de Esculturas, con obras de Marta Minujín, Pájaro Gómez y Nora Correas, entre otros artistas.

6. Zuccardi Valle de Uco, una base espacial

De líneas curvas, como la Cordillera que la custodia; con hormigón y piedras, agua y arena del río Tunuyán. Así tomó forma Zuccardi Valle de Uco, en Paraje Altamira. Fruto de la visión innovadora de Sebastián Zuccardi, el proyecto fue creado por el arquitecto mendocino Fernando Ragannato. El paisajismo de Eduardo Vera toma piedras, quebradas y plantas autóctonas como elementos. En los últimos tres años fue elegida mejor bodega y viñedo del mundo por The World’s Best Vineyard.

7. SuperUco, todo al centro

En Los Chacayes, Valle de Uco, los cuatro hermanos Michelini y Daniel Sammartino montaron su sueño. Alrededor de la bodega octogonal giran los viñedos, la huerta orgánica y los corrales de los animales. Así buscaron representar las formas de la naturaleza y el camino a la perfección. Concebido como un proyecto biodinámico, SuperUco ganó en 2021 el primer premio en la categoría Prácticas Sustentables de Best Of Wine Tourism de Great Wine Capitals.

8. Flechas de los Andes, una puesta escenográfica

En Vista Flores, se impone la fachada sobre una superficie color arena que luce trazos geométricos. Esas figuras aparecen también en los jardines y los salones interiores. El proyecto de Benjamin de Rothschild y Laurent Dassault –socios en Burdeos– se estrenó en 2003. Fue diseñado por Philippe Druillet, director artístico de Star Wars, quien dejó su impronta en la arquitectura y en las etiquetas de los vinos del enólogo Pablo Richardi. Con dos alas y un fuelle intermedio, el edificio se eleva entre viñedos con los Andes en el horizonte.

9. Trapiche, el valor de la historia

Un edificio de 1912, que albergó la bodega más moderna de su momento, terminó olvidado por más de 40 años detrás de unos olivares. Trapiche lo adquirió en 2008 y le devolvió el esplendor de su estilo florentino. La obra que encabezó el estudio Mallea + Román rescató máquinas antiguas y las combinó con equipamiento moderno. Con el recuerdo de los durmientes del tren, viñedos y jardines alrededor, la bodega –que se puede visitar– coleccionó diversos premios por su propuesta.

10. Maal Wines, 100% de material reciclado

Más de 350 mil kilos de chatarra se convirtieron en la nave principal de este proyecto que en 2010 crearon Alfredo Merlo y Matías Fraga. En una bodega abandonada construyeron en 2019 su propio espacio con aportes de amigos: 20 contenedores, caños de extracción petrolera, maderas y hierros: junto al estudio Mora Hughes diseñaron con lo que tenían. “Buscamos generar un impacto conceptual. Somos una bodega chica con recursos limitados: esa impronta está reflejada”, cuenta Fraga. Hoy elaboran 150 mil litros de Malbec anuales y trabajan para concretar la propuesta turística.

11. Alpamanta, con amor a la tierra

En 2005, Andrej Razumovsky compró una finca en Ugarteche: allí, en la próxima vendimia abrirá las puertas de su bodega. “Somos respetuosos del medioambiente; ofrecemos nuestro compromiso con la viticultura biodinámica, en la que ya llevamos 15 años”, cuenta Razumovsky. “La experiencia va a pasar por el vino, pero también por lo que sucede en el terruño”, dice. En la recta final de la obra ya están instalando paneles solares y hay una laguna que funciona naturalmente.

12. Pulenta, con la elegancia al frente

La sobriedad y el estilo mandan en la nave de Pulenta Estate, proyectada por Bormida&Yanzón en Alto Agrelo: sumergida en los viñedos, llama la atención por su estructura de líneas rectas y exteriores grises. Alrededor del reservorio de agua diseñaron un jardín de especies autóctonas mendocinas. Pulenta consiguió este año el oro en la sección “Arquitectura y Paisajes” de los Best of Mendoza’s Wine Tourism Awards. Fuente: Vinómanos