María Alejandra Alonso es la mentora de Almarauco, un proyecto olivícola en Alto Chapanay, San Martín.

“El emprendimiento empezó de manera inesperada. Mi marido se dedica al sector inmobiliario y en 2019, en busca de nuevas alternativas de inversión, dimos con una finca abandonada de 35 ha (24 de viñedos y 11 de olivares) que pensábamos mejorar para vender. Empezamos a visitarla y nos cautivaron sus árboles y olivares centenarios”, nos cuenta María Alejandra.

“Me atrapó la historia del producto y sus beneficios terapéuticos. Investigando sobre el tema llegué a la Fundación Seminare a donde me formé como sommelier de aceite de oliva. Allí, Stella Vanucci y Juan Carlos Zuloaga me transmitieron sus conocimientos y pasión por este mundo fascinante y les estoy profundamente agradecida.

Luego de esta experiencia decidí lanzar mi propia marca de aceite de oliva: Almarauco. Para el nombre me inspiré en un olivar muy particular de la finca que tiene un tronco en forma de corazón. Es el alma del Arauco, nuestro varietal”, indica.

La primera cosecha

La puesta a punto de la finca, que fue bautizada como “La Fausta” (que significa “la querida”), contempló la compra de maquinaria, mejora del sistema de riego y acondicionamiento de una casa que está dentro.

Alejandra Alonso, propietaria e impulsora de “Almarauco”

Hoy, el valor promedio de la hectárea de olivares en la zona ronda entre 8.000 y 10.000 dólares.

“En marzo de este año, con el asesoramiento del ingeniero Julio Correa realizamos la cosecha y en septiembre envasamos la primera partida de aceite de oliva Extra Virgen. Son 1500 botellas de medio litro que lanzamos al mercado y estamos sorprendidos con los resultados. Además de estar en diferentes puntos de venta, el producto se ha difundido de boca en boca y recientemente fue premiado en Cuyoliva 2020: Almarauco Novo obtuvo Gran Medalla de Oro y Almarauco Envero, Medalla de Oro”.

Actualmente, el aceite se comercializa en el café 2 de azúcar, en el restaurante Gasparetto de Chacras, en el supermercado Bonnano de Luján de Cuyo, en la bodega boutique Piedras 202 y en una tienda online de Buenos Aires. Reconocidos chefs como Nicolás Bedorrou, Nadia Haron y José Ortega Fournier también lo utilizan en sus preparaciones.

“El proyecto tiene mucho de mi, después de estar dedicada de lleno a mi familia emprendí esta aventura y estoy muy contenta. Por eso cuido cada detalle, el packaging transmite calidez, viene en una bolsa de lienzo con un sello de madera que simboliza el olivo. La etiqueta es limpia para resaltar la nobleza y sencillez de un producto único”, confiesa.

“Seguiremos enfocándonos en la calidad, en un producto selecto destinado al segmento delicatessen. También queremos trabajar en la educación al consumidor con respecto al aceite de oliva, los varietales, los blends y sus diferentes características”, finaliza.