Roberto de la Mota es uno de los grandes enólogos de la Argentina que logró tener brillo propio en el mundo del vino, y eso no es poco si tenemos en cuenta que a su extinto padre, don Raúl de la Mota se lo consideraba uno de los “padres del Malbec”, pero además tuvo que superar un momento límite, ya que luego de un accidente automovilístico en 2007 que le impidió seguir caminando, debió recurrir a una silla de ruedas para movilizarse, y rescatamos su historia ya que ayer (3 de Julio) se conmemora internacionalmente el Día de la Discapacidad, y su historia de resiliencia puede ser motivadora.

Roberto de la Mota es un verdadero luchador de la vida y lejos de bajar los brazos, siguió ejerciendo su profesión de manera excelsa, y a pesar de sus impedimentos motrices, se sube a un cuatriciclo para recorrer las hileras de viñedos (es además ingeniero agrónomo) y recorre en su silla de ruedas tanques y barricas dentro de su bodega para producir vinos que están considerados entre los de más alto nivel de la Argentina.

Lo convocamos como ejemplo de resiliencia, y el reconocido winemaker le dijo a EcoVinos/Ecocuyo: “No pretendo ser ejemplo de nada, pero si mi historia sirve para alguien que se encuentra abatido, y crea que ya no hay salida, y esta mención de cómo yo pude reponerme de un golpe duro en la vida y que gracias a Dios pude salir adelante, si eso sirve para ayudar a alguien, para mí sería fantástico”.

“La vida te confronta a situaciones que son totalmente no planificadas, límites, y que no sabes cuándo te va a pasar. Todos pensamos que no lo soportaríamos, pero una vez que uno ya está acá no tiene posibilidades de elegir, te toca y lo tenés que llevar adelante, no tenes mucha elección”, sostuvo.

“Yo tengo una familia bastante grande, mi mujer que es una persona realmente especial, porque no solamente me salvó la vida cuando fue el accidente, sino que sigue siendo un apoyo incondicional, y además mis cuatro hijos. Yo no tenía muchas posibilidades de decir ‘bueno, ahora no voy a seguir, veremos que hago’. No podía deprimirme porque tenía que seguir trabajando para poder mantener la familia”, aseguró de la Mota.

“Pude seguir trabajando -agregó- y eso es lo bueno porque hace que para mí sea mucho más llevadero. Yo creo que por un lado te quitan, por un lado te dan, la vida es así”.

Uno de sus vinos es todo un símbolo, se llama Revancha, y el enólogo cuenta la historia: “Todo empezó con mi hijo Rodrigo que cuando era adolescente, tenía unos 16 años, y quería dinero para cambiar la suspensión de su bicicleta, entonces le dije que se lo tenía que ganar, y vino a trabajar en la vendimia en 2009, y para hacerlo más divertido hicimos un vino y embotellamos 1800 botellas que lo guardamos en el sótano de la bodega”.

“Después de más de un año -continuó-, vino un periodista Enrique Chrabolowsky a degustar conmigo y después de probar todos nuestros vinos, le dije que tenía una muestra guardada que quería también que la probara, él se sorprendió y me preguntó qué era, y yo le dije que no tenía nombre y le conté la historia, y me dijo ‘si pudiste hacer un vino con tu hijo se tiene que llamar Revancha”.

“Le respondí que me sonaba muy fuerte, pero él insistió y me dijo: ‘Mira, la vida a vos te ha dado una revancha y vos aprovechando esa revancha estás haciendo un vino con tu hijo’. Me gustó entonces el nombre, lo registré, y por eso se llama así”, remarcó.

También rememora una anécdota mientras estaba internado en el Fleni (Buenos Aires), durante su rehabilitación: “En un hospital no se puede tomar vino, pero yo soy enólogo y tenía que probar vino ¿Pero cuál es el leitmotiv del hospital? Es la reinserción laboral. Entonces me permitían que me mandaran muestras, y mi placard del hospital estaba lleno de muestras de vino”.

“Y me divertía mucho -agregó- porque el suegro de uno de los pacientes que le gustaba el vino, venía a mi cuarto y decía ‘hay picada en la habitación tanto’ o ‘tengo salame y queso’, y él andaba siempre con una botella de gaseosa de 2 litros que yo se la rellenaba con varias muestras de vino a la mitad. ¡Era muy divertido!”, finalizó Roberto de la Mota.