Brasil es el mayor mercado de vino de Latinoamérica, ya que debido a la inmensidad de su territorio y sus más de 204 millones de habitantes, de los cuales unos 30 millones son consumidores habituales de vino, hacen que por una cuestión de cercanía, la tierra de la samba y la bossa nova y el buen ‘futebol’, sean un foco para las exportaciones del vino argentino.

En ese sentido, Brasil se constituyó en 2019 como el cuarto principal destino para el vino argentino fraccionado, mientras que durante la primera mitad de este año nuestras exportaciones crecieron en volumen al 6,9%. Pero la gran debilidad está en los graneles, ya que hay una traba por la cual Argentina no puede exportar a Brasil vinos en envases superiores a los 5 litros.

El mercado brasileño es por demás atractivo, ya que importó el año pasado 120 millones de litros (está entre los 15 mayores compradores del planeta), en el que Chile es el principal exportador de vinos fraccionados en Brasil, con el 44%, triplicando prácticamente los despachos de los vinos argentinos, que tienen una participación del 15%, un porcentaje similar al de Portugal. Argentina hasta hace unos años ocupaba el segundo lugar de las importaciones totales de vinos, pero fue desplazado al tercer lugar por la imposibilidad de colocar graneles, sector en el que se potenció el país lusitano con el 72% del mercado, seguido por Chile con el 20%. Por lo tanto el mercado total brasileño (fraccionado y graneles), es encabezado por Chile; segundo Portugal; y tercero Argentina.

El mayor núcleo poblacional se encuentra en la región Sureste con un 42% del total de Brasil, y la mayor concentración se da en el estado de Sao Paulo con más de 40 millones de habitantes, especialmente en el área metropolitana de Sao Paulo, que con 22 millones de habitantes suele considerarse la tercera mayor urbe del mundo. Para entender el mercado brasileño del vino conviene recordar que Brasil es un país productor, sin embargo, solamente el 10% de sus vinos proceden de uvas Vitis vinifera, por lo que según los estándares tradicionales el 90% restante no sería considerado vino. Esto lleva a que su producto nacional sea de inferior calidad, y existen dos tipos de vino, según la normativa brasileña: “vino de mesa” elaborado con uvas de peor calidad, y “vino fino”, elaborado con Vitis vinifera, y donde compiten con los vinos importados en Brasil, y participan del 30% del consumo, por lo que el 70% restante lo importan.

Nuestro amigo Guillermo Gómez, un escritor mendocino radicado hace varios años en Bahía, nos acercó la historia de otro mendocino, Ariel Kogan, radicado en San Pablo, que se dedicaba a temas ambientales (y que brindó una charla TEDx en Mendoza), que está haciendo, y mucho, para posicionar a nuestro vinos en Brasil. Este es su relato:

Familia Kogan Wine, el prestigio del vino mendocino en Brasil

Si tendríamos que señalar quienes son los embajadores número uno del mejor vino argentino en Brasil, sin lugar a duda señalaremos por razones de creatividad, prestigio moral y ecológico a la Familia Kogan Wine.

Ariel Kogan es un ingeniero industrial mendocino que llegó a San Pablo, Brasil para trabajar como consultor en sistemas y políticas de sustentabilidad.

Pero en su retrospectiva estaban los viejos amigos de los tiempos de estudios, muchos de ellos ya eran en Mendoza propietarios de bodegas o profesionales en el universo del vino.

Fue cuando Ariel se reinventó, concilió su pasado mendocino, con la demanda de su nuevo escenario, para idear el negocio del vino en San Pablo, Brasil.

Ariel ideó y montó una empresa de wine-bar itinerantes, negocios rodantes que sirven el vino en copas, que en la gran metrópolis son reconocidos por su singular marca: “Mendozitos”.

Gracias a las ventas callejeras Ariel pudo deducir de primera mano el gusto y el paladar del brasileño, y hoy entiende esa demanda como pocos argentinos.

Ariel ya vendió su parte del negocio de ‘’Mendozitos’’, para convertirse en un importador de vinos mendocinos.

Cuando el ingeniero Kogan busco a los interlocutores del potencial negocio de la importación, muchos bodegueros mendocinos estaban defraudados.

Ese antedicho desencanto fue porque en sus primeros intentos por exportar, hubo muchos mendocinos que fueron estafados y defraudados, pues habían caído en las manos de oportunistas palabreros o en aprovechadores de última hora, sin experiencia en la importación.

Ariel nos contó que muchos supuestos ‘’importadores’’, pedían un contenedor de vinos y después los dejaban dormir en el puerto, sin saber cómo hacer para vender los vinos o a quien ofrecérselos.

Ariel volvió a Mendoza para hablar con los pequeños productores desahuciados y con nuevos interesados en el negocio de la importación. Lo hizo para valorizar su trabajo y pagarles con transacciones bancarias nacionales, para retornar así en ellos la fe perdida en ese mercado externo.

Pero Ariel no regresó a Mendoza para promocionar el vino industrial o a granel, ni para comprar cantidad, sin calidad, y venderla a buen precio.

Él siguió fiel a sus principios ecológicos, continuó con la política de promocionar pequeñas bodegas de grandes vinos. Su tendencia fue valorizar al vino de los artesanos y hacedores, son vinos que veneran a la naturaleza, dado que son bebidas orgánicas y sin agrotóxicos.

Ariel Kogan también comenzó a producir, en 2014, su propio vino denominado “Regeneración”, lo produce en un volumen muy limitado, en la Bodega Oralia, una pequeña bodega ubicada en El Peral, en el Valle de Tupungato.

Dice Ariel: “El vino tinto, vale la pena confesarlo, es 100% orgánico y está hecho exclusivamente con uvas Bonarda”.

“Este insigne vino Bonarda está presente en la carta de vinos en los mejores restaurantes de São Paulo, lo que constituye toda una exclusividad beberlos”.

Los vinos de Kogan poseen otro valor añadido, ya que parte de las ganancias van para la Fundación Tikun, que trabaja en la reforestación de plantas nativas en Mendoza y San Juan, como es el caso del árbol algarrobo, revitalizando y regenerando así sistemas ecológicos en riesgos de extinción. Lo interesante de la trayectoria de la Familia Kogan Wine es que no reprodujo las cosméticas plásticas del marketing industrial.

La Familia Kogan Wine establece una relación con el cliente íntimamente sincera, sus aproximaciones al potencial cliente se asemejan a las de un médico rural, y esa franca empatía es su mayor capital.

Colaboró: Guillermo Gómez