Periodista

Su pasión es el servicio y las relaciones públicas. Tiene que ver con “llegar a la gente y ofrecerle alternativas”, como ella lo dice al hablar de los desafíos que presenta este contexto de pandemia que –por un tiempo y a su pesar- la sacó de la calle, donde la acción sucede para aportar lo suyo y hacer que las cosas pasen.

Silvia Sola es la arquitecta de Samaco desde hace 21 años, pero lo cierto es que hace las veces de asesora técnica, de ventas y hasta de sociales cuando gestiona inauguraciones, convocatorias, capacitaciones y encuentros. No obstante, su trayectoria en el rubro de los materiales, las instalaciones y el servicio en general es mucho más extensa y pareciera que es algo que nació con ella. “Toda la vida fui así, me gusta sugerir, prestar herramientas, capacitarme y compartir”, cuenta.

Hoy, parte de esa habilidad la realiza por teléfono al asesorar a las personas que se quedan en casa vía telefónica pero, por las tardes, no se queda esperando y sale a buscar a sus clientes. No importa la categoría, sino saber que está la obra para ver todo lo que puede ofrecer más allá de los problemas actuales y generalizados de stock ya que cubren el 80% de una obra. Para ella se trata de dar apoyo en un momento en que hay mucha gente que piensa que esto no lo va a poder solucionar o terminar. “El mayor trabajo hoy es el planteo de alternativas, de buscar otras opciones y para eso hay que saber mucho de stock”, explica Silvia.

El cuello de botella existente por el freno inicial en la fabricación y a las demoras posteriores luego de la apertura con las fábricas trabajando al 50% es el principal desafío del sector. “En algún momento se tiene que destrabar”, apuesta la arquitecta y apunta a la importancia de trabajar con los modelos nacionales existentes así como a la posibilidad que puede abrirse para la industria nacional o los talleres con el fin de empezar a satisfacer una demanda ávida en medio de una oferta escasa y el nulo ingreso de materiales importados tanto terminados como necesarios para la producción.

Creadora de posibilidades

Casi desde que comenzó su carrera, Silvia comenzó a trabajar en estudios de arquitectura como ayudante. En 1982 obtuvo su título y no tiene memoria de haberse quedado quieta nunca y es que, en un ámbito predominantemente masculino, supo abrirse camino de manera independiente (algo que le incentivaron desde niña) como representante técnica y comercial de marcas de peso.

Con poco más de 30 años fue vicepresidenta de la Sociedad de Arquitectos, un espacio que propulsó la colegiatura y en donde luego prácticamente no hubo representantes del sexo femenino.

“Hoy vienen a verme los nietos de los primeros clientes que tuve”, se enorgullece Silvia al tiempo que agrega que todos sus logros se basaron en la confianza recibida de sus pares –arquitectos, ingenieros, empresarios. “Creo que saben que si no lo estoy trabajando, lo voy a buscar porque para mí la parte comercial es dar la respuesta, la solución, recomendar una marca o producto y que confíen en que digo la verdad pero, sobre todo, que lo estudié, lo experimenté y pasé por muchas cosas”, define.

Pasados unos años de haberse recibido, se convirtió en la representante técnica de Durlock, cuando la marca daba sus primeros pasos por lo que se encargó de obtener primero las aprobaciones necesarias para después pasar a trabajar en obras y comenzar a vender, a abrir puertas y mercados a algo que no existía en Cuyo.

Diez años estuvo en obras, participó de licitaciones, viajó y realizó posgrados y especializaciones en marketing. Cuando se desvinculó de allí, trabajó en diversos lugares para, luego convertirse en la representante de Roca sanitarios, cuando recién compraba Capea y pocos conocían la marca. Su performance fue tal que a los seis meses la premiaron con un viaje a España.

Por cuestiones personales, decidió quedarse en Mendza y cuando la llamaron de Samacofue clave para la expansión de la firma que, entonces, se dedicaba a instalaciones sanitarias. Primero fue mostrar que vendían todo lo necesario para las obras más allá de las instalaciones y, después, traer empresas grandes a la firma.

“Seguía las licitaciones y apuntaba a las posibles ganadoras, muchas de afuera, por lo que se abrieron cuentas corrientes de firmas de Córdoba y Buenos Aires. Para que confiaran en nosotros, los traíamos a ver el depósito y que vieran que no les iba a faltar nada. Así, fuimos proveedores completos de, entre otras, Jumbo, Hiperlibertad, hospitales y del hotel Intercontinental”, cuenta Silvia.

“Siempre fui buen soldado… no le doy bolilla al cargo o al título. Hago trámites en la municipalidad si llega una notificación, voy a Edemsa, soluciono problemas con clientes. Nunca me molestó porque para mí lo importante son las relaciones personales”, resume esta mujer arquitecta y emprendedora que tomó las riendas de su profesión y logró poder de decisión.