Crear una compañía desde cero, que un día alcance la valuación de US$1000 millones y, en menos de dos años, se venda por US$6500 millones parece una gesta casi inalcanzable en un mundo en que solo dos de cada 10 startups sobreviven. Y, si a la foto se agrega que la idea fue “made in Argentina”, a miles de kilómetros de la meca de Silicon Valley y los grandes fondos, la proeza es más destacable.

Auth0, el quinto unicornio argentino, que se dedica a autenticar la identidad de usuarios digitales y acaba de hacer todo eso, nació como surgen la mayoría de las compañías que hacen la diferencia: al detectar un problema.

Los cofundadores de la empresa Matías Woloski, de 39 años, y Eugenio Pace, de 51, se conocieron trabajando. Woloski era parte de Southworks, una consultora que le provee servicios a Microsoft, mientras que Pace estaba en las oficinas de esa empresa en Seattle. Habían colaborado en varios proyectos, pero hubo uno en especial que les reclamó mucha atención: escribir un libro en 2008 para resolver el problema de la autenticación (proceso de confirmar que alguien es quien dice ser).

“Uno de los problemas actuales más comunes y una de las razones por las que cuando arrancamos el proyecto tuvo sentido es que empezó a haber muchos eventos en los que un hacker logra extraer una lista de usuarios y passwords de sitios que no tuvieron el recaudo de protegerlos de forma correcta. Pasó en 2011 con Sony PlayStation Network: millones de usuarios y passwords de gente que jugaba con la consola fueron expuestos”, afirmó Woloski en una entrevista con LA NACION.

Él y Pace son ingenieros. Resolver este problema era sumamente atractivo, ya que era como armar un rompecabezas. No era simplemente crear una aplicación, sino arreglar un tema de infraestructura.

“Vimos que había una necesidad de simplificar el problema: con los productos que había en ese entonces el programador tenía que ser un experto en criptografía y protocolos para resolver el tema de la autenticación, mientras que nosotros le podíamos dar una librería para poner en su aplicación en cualquier plataforma”, explicó.

Pero a los programadores no les gusta pagar por los productos, así que apuntaron a las compañías y, en 2013, consiguieron a su primer cliente importante.

“Nosotros proveemos esa funcionalidad para proteger a los usuarios y a las empresas de ese riesgo. Es decir, guardar los passwords de forma correcta y proveer un login unificado para todos los sitios que se usan. Por ejemplo, sucede con Google: uno entra a Gmail y a Calendar y no se loguea cada vez que entra; solo lo hace una vez”, detalló.

¿Qué los ayudó a triunfar y pasar de un cliente a 7000? Según Woloski, varias cosas. En primer lugar, el timing. “El producto que creamos, si lo hubiésemos hecho cuatro años antes, no hubiera tenido la atracción suficiente, porque la gente no habría entendido el problema que resolvía. Si lo hubiésemos creado dos o tres años después, alguien más ya lo habría hecho”, aseguró.

En segundo lugar, ayudó que apuntaron a un problema global, porque toda aplicación en el mundo necesita de esta funcionalidad en cualquier país y en cualquier industria y para los inversores el potencial de eso era muy grande. Y tercero que supieron delegar en un CEO la conformación de la empresa y levantar rondas de inversiones.

Por último, Woloski destacó la red de contención que supuso para él su familia y luego su socio. “Trabajé con mi padre en su local de autopartes en Warnes y ahí aprendí lo que era vender. En mi caso siempre tuve una red de contención abajo. Sabía que, si me iba mal en Auth0, mi familia me iba a ayudar. Y, de hecho, me ayudó. Haber conocido a Eugenio y haber trabajado con él durante ocho años también fue muy importante para mí, para decir voy a encarar algo que es tan importante como una empresa con alguien que conozco, que sé cómo trabaja. Después, en el camino se van dando un montón de cosas que son obstáculos, que uno los va pasando”, cerró. Fuente: La Nación