El romance con la indicación geografía de Gualtallary (Valle de Uco) entre Belén Soler Valle y su esposo, el ex futbolista internacional Nicolás Burdisso, tiene más de 10 años.

El amor entre la pareja y este terroir, al pie de la Cordillera de los Andes, tuvo como resultado la concreción de un sueño: la creación de una bodega propia.

Así nació Vinos de Potrero, un proyecto vitivinícola con impronta propia liderado por Belén Soler Valle, Licenciada en Comunicación Social con un Master en Viticulturas y Marketing del Vino en la Italian Food Academy de Milán, Italia.

– ¿Cómo surgió la idea de tener una bodega?

– La verdad es que siempre tuve ganas de hacer un proyecto y me imaginé hacerlo a esta edad, cuando mis hijos ya están más grandes y, sobre todo, todo esto lo soñé para volver a mi país y realizar un proyecto en nuestra querida Argentina. Sin dudas, Vinos de Potrero, me permite no sólo concretar aquella meta, sino también desenvolverme como Licenciada en Comunicación Social (estudié en Buenos Aires) y también Sommelier. Hoy en día las mujeres poseemos muchas ganas de crecer y tenemos muchas aptitudes para dirigir empresas. Lo cierto es que el mundo, hace unos años ya, viene cambiando y las mujeres han adquirido el rol que tenían que tener, estar cada vez más a la par de los hombres.

– ¿Cuántas hectáreas tienen?

– Tenemos 5 pequeñas fincas de 4 o 5 hectáreas, todas ubicadas en Gualtallary, Valle de Uco, en la provincia de Mendoza. Nosotros las llamamos Fincas de Potrero, cariñosamente los llamamos “nuestros potreros”.

En 2008, Belén Soler Valle y su marido Nicolás Burdisso compraron tierras en Gualtallary, Valle de Uco, Mendoza. Allí fundaron Vinos de Potrero, en una finca a 1300 metros de altura.

– ¿Cuál es la producción actual de la bodega?

– Comenzamos a producir vino para vender en el año 2014, con una pequeña producción de 20 mil botellas. En la actualidad, estamos produciendo un total de 130.000 botellas, vamos creciendo de a poco, queremos mantener nuestro concepto de bodega boutique, manejada por sus dueños, como una gran familia.

– ¿A qué países exportan? ¿Cuál es su principal mercado?

– Desde que la bodega comenzó a producir vino exportamos a Italia, vivíamos allí por lo que fue una de las primeras decisiones que tomamos. Luego, expandimos la exportación a países como Estados Unidos, Brasil e Inglaterra. En la actualidad Estados Unidos el país con mayor volumen de compra de nuestros vinos.

– ¿El valor dólar en Argentina es una ventaja o desventaja? ¿Por qué?

– En la actualidad es una ventaja, ya que exportamos nuestros vinos al mercado internacional, y el precio en góndola, si bien es elevado, es accesible, por lo que las ventas son muy buenas. Son vinos argentinos espectaculares que se pueden tomar en restaurantes o comprar en vinotecas, siempre manteniendo una gran calidad por un precio sumamente accesible para el mercado internacional.

– ¿Cómo los afectó el COVID 19?

– Al igual que todos, con la llegada de la pandemia nos tuvimos que reinventar. Si hablamos de nuestra bodega en particular, podemos decir que la bodega impulsó la venta online. Para no afectar a nuestros clientes y distribuidores lo realizamos desde nuestra página web, pero las ejecuta cada distribuidor según la zona de demanda. También decidimos realizar catas y charlas online para nuestros diferentes públicos (clientes,periodistas, sommeliers, etc).

-¿Cayó la venta de vino?

– En nuestro caso, la venta de vino no cayó aunque los procedimientos fueron más lentos por el tema de logística. Si bien salieron pedidos al exterior, lo hicieron con menor frecuencia.

A pesar de este panorama inusual mundial la bodega sigue en pie y firme para adelante. Es un gran año para aprender, lograr lo mejor de cada uno y dejar un poco de lago las estadísticas y balances.

– ¿Cuáles son los planes cuando termine la pandemia?

– Durante la pandemia estuvimos planeando muchas actividades, desde hacer nuestra propia bodega, comprar más tierras, expandir nuestra cartera de vinos, visitar Mendoza y realizar una reunión, donde nos reencontremos todos nuevamente en el marco de una gran cata con nuestros clientes y personal de la bodega.

– Decías que al principio no te gustaba el vino, ¿Cómo te hiciste consumidora?

– En realidad, no era fanática del vino, pero desde chica mi bisabuela me preparaba vino tinto con azúcar y me encantaba. Ahora me fascina y todos los días me tomo una copa de vino. Pero me empezó a gustar en Italia, en Argentina tomaba vino, pero no mucho, tomaba vinos más amables, en Italia bebía vinos más estructurados como el Amarone, Barbaresco, Nebbiolo, vinos fantásticos.

Por supuesto, de los vinos argentinos, el Malbec me parece una cepa única, que tiene una expresión increíble sobre todo en Gualtallary. En el 2014, haciendo el curso de sommelier, yendo a las fincas y admirando el trabajo que se realiza, aprendí a captar lo genuino y auténtico que es el mundo del vino, un producto que lleva mucha poesía dentro, muchos pensamientos y pasión.

Es una combinación perfecta entre la tierra, la mano del hombre y la naturaleza, con el clima y todo lo que significa el terroir. Es un mundo sin fin, se puede viajar y conocer un país a través de una copa de vino.

– ¿La mujer tiene hoy suficiente protagonismo en una industria considerada durante mucho tiempo “exclusiva para hombres”?

– Las mujeres y los hombres tenemos similitudes y también diferencias, por suerte las tenemos, así nos volvemos más compatibles y complementarios, pero tenemos que tener los mismos derechos. Es muy lindo que una empresa/entidad pueda tener los dos puntos de vista, tanto de la mujer como del hombre, sus opiniones, sus atributos y diferencias. Las mujeres no venimos a romper ningún esquema, sino que venimos a sumar. Soy una mujer más que se suma en este maravilloso mundo del vino, que hace fuerza para que se sumen cada vez más mujeres, porque creo que es un entorno hermoso para que las mujeres podamos descubrir, recorrer, aportar, sumar y disfrutar.

¿A qué mujeres del vino admirás?

– La enóloga Susana Balbo es mi referente, la admiro mucho porque es la primera enóloga que hay en el país, es dueña de una bodega y hace vinos increíbles. Me encanta todo lo que hace y con el estilo que lo hace.

– ¿Has tenido que romper con muchos prejuicios por ser “la esposa de…”?

– No tuve prejuicios que romper, a todos cuando empezamos en algún proyecto nuevo nos cuesta ganarnos un lugar, y ese lugar se gana con dedicación y pasión, haciendo el trabajo de la mejor manera y con seriedad. Creo que cuando las cosas se hacen bien, todos nos podemos ganar un lugar en cualquier ámbito. Estamos haciendo las cosas bien con Vinos de Potrero, con tranquilidad, con dedicación, siempre manteniendo la calidad y el perfil que queríamos darle a la empresa y a los vinos. Así que de a poquito nos vamos a ir ganando un lugar y estar donde queremos estar.

Jamás me sentí discriminada, al contrario, me sentí incluida, resaltada y aceptada, bien recibida por la industria del vino y por todos los vinotequeros, bodegueros, enólogos y sommeliers. En cualquier feria mundial que asisto, soy muy bien recibida y destacada.

– ¿Qué le falta todavía a esta industria?

– A esta industria todavía le falta más mujeres para sumarse, creo que cuando nos sumemos más mujeres va a ser muchísimo más lindo y más divertido el mundo del vino. Las mujeres aportamos a esta industria seducción, pasión y delicadeza. A la Argentina la veo muy bien posicionada y en crecimiento, en expansión en materia vitivinícola, creo que tenemos un país muy generoso y una tierra espectacular. Es una industria muy trabajadora, que va siempre para adelante, pese al contexto y a las variables, la ecuación siempre es muy positiva.