A pocos kilómetros de la Cuidad de Mendoza, más precisamente en Alto Verde, departamento de San Martín, se encuentra un laboratorio de experimentación en bioconstrucción denominado “Cobijo Humano”. Este espacio para investigar, experimentar y aprender en la construcción de habitad sustentables tiene raícen en lo que llaman “la geometría sagrada” y la secuencia Fibonacci.

La aplicación de estos recursos, muchos de ellos muy antiguos, son impulsados por Osvaldo Lendaro, quien desde hace tiempo se dedica la edificación de domos geodésicos, yurtas y zomes.

Los especialistas hablan de las ventajas y las bondades de combinar técnicas tan ancestrales como económicas: la quincha, el adobe y el cuidado del medio ambiente se unen en pos de la vivienda propia. El caso del primer barrio construido por mujeres.

“Cobijo Humano surgió haciendo hincapié en las necesidades habitacionales de la provincia. A partir de la observación de la naturaleza y su diseño, descubrí que su forma de construir era lo más lógico para nosotros. Así nació este espacio de investigación y desarrollo de estructuras sustentables y amigables con el medio ambiente, introduciendo materiales compuestos y reciclados, es decir, aprovechando las propiedades de los materiales naturales, su combinación, resistencia y durabilidad”, expresó este emprendedor a Unidiversidad.

“Aquí, solo intentamos equiparar nuestras construcciones con la naturaleza, su armonía y fluidez. Si te ponés a mirar, todo lo que nos rodea tiene un patrón, las plantas y sus hojas, el vuelo de las aves, todo tiene una secuencia armónica. Por ejemplo, nosotros venimos de una célula redonda, estuvimos nueve meses en un vientre materno con la misma forma y luego habitamos en espacios cuadrados, convencionales, que no permiten esa claridad natural. Esto no es natural. Por eso nos dedicamos a la construcción de hábitats basadas en la secuencia Fibonacci y la geometría sagrada de la naturaleza, como lo son los zomes, yurtas y domos geodésicos, estructuras que van en armonía con lo natural”, resaltó.

Ahora bien, es posible que yurta, domos y zomes no sean parte del lenguaje cotidiano de alguien que está buscando construir. Para Lendaro, son construcciones sustentables y su origen y técnica es ancestral.

“Cada construcción que realizamos tiene su técnica, su armonía y dedicación. La yurta, por ejemplo, es tan vieja como la humanidad. Es patrimonio de los antiguos mongoles del Tíbet. Las tribus nómades de Asia construían tiendas que se armaban y desarmaban y que les permitían movilizarse con sus rebaños. Desarrollaron estructuras revestidas con pieles de animales que soportaban climas de mucho viento y frío. Lo mismo ocurre con los domos y los zomes, pero requieren otras técnicas. Hoy, esas técnicas han mejorado a tal punto que son revestidas con barro y paja -quincha mejorada-”, detalló.

“Además -insistió-, la forma redonda de estas estructuras es mucho más eficiente que cualquier otro tipo de estructura, porque es resistente a los vientos”, destacó.

“Estas construcciones comienzan como cualquier otra construcción, desde los cimientos o zapata. Su base es como cualquier otra, pero de ahí en adelante todo cambia. Dependiendo de su utilidad, se pueden utilizar cañas, alambre, palos, barro, paja para su techo. Pero para los domos o zomes, la metodología cambia: utilizamos madera de álamos seleccionada, torneadas y tratadas naturalmente”, puntualizó este promotor de la bioconstrucción, aunque advirtió no todo queda bajo las normas y los códigos vigentes de edificación: “Son pocos los municipios que aprueban su construcción”.

“Dada su versatilidad y costo (la mitad que una convencional), estas construcciones pueden servir para todo tipo de usos y ubicación: como vivienda, comedor, spa, salón de actos, aula, etc., en todo tipo de espacios rurales”, sumó.

Resistiendo

Como todos sabemos, Mendoza está localizado en una zona sísmicamente activa dentro de Cuyo, por eso intentamos realizarle la pregunta de rigor: ¿Qué tan resistentes son estas construcciones?

“Como dije, si bien son pocos los municipios que aprueban su construcción, sobre todo su revestimiento con barro y paja, estamos en tratativa para que salga alguna legislación que así lo apruebe. Pero te digo que su construcción es sismorresistente. La flexibilidad de los materiales que utilizamos, la aplicación de principios de geometría y el bajo peso de la obra, hacen que resista perfectamente los movimientos sísmicos. Asimismo, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), si bien es un instituto que no generaran normas, han evaluado nuestro modo de construir como una alternativa ante el reglamento CIRSOC, que es el reglamento argentino de estructuras de madera al catalogar nuestras construcciones como sismoresistentes”, detalló el constructor.

Compartir conocimiento

“Para que tengas una idea de lo que te hablo, cada vez son más los jóvenes que se interesan por este tipo sustentable de construcción. Ni hablar de gente profesional que asiste a nuestros talleres, todos salen fascinados”, dijo .

“Por eso, nuestra intención con este aprendizaje es acompañar al movimiento de transición a través de la visibilización de diversas formaciones y encuentros vinculados a la Bioconstrucción. Intentamos inspirar a la gente con diseños en espacios bioclimáticos para mejorar la calidad de vida de quien lo habite.

Vivir en un zome

“El medio ambiente y el tipo de vivienda en que habitamos influye directamente sobre nuestro bienestar y nuestro ser. Los materiales, su forma, los colores además de su función, determinan la sensación de paz y de armonía”, expresó Ianina Perabo, arquitecta que, a raíz de una búsqueda de un modo de vida alternativa basada en una vuelta a la naturaleza y la simplicidad, dio con la idea de vivir la experiencia en un zome.

Recibida en 2009 y sin saber por qué se había graduado en Arquitectura, Ianina no encontraba un rumbo en su carrera. Sin saber qué hacer, en 2011 se inscribió en el curso “Construyendo Patagonia”, en el Bolsón, fue ahí donde encontró su especialidad. “Fue donde verdaderamente hallé mi especialidad, de unir la arquitectura con lo natural. Esto me permitió generar esta transición de la construcción convencional a la sustentable y amigable con el medio ambiente”, manifestó Perabo.

“En ese proceso de formación fue como conocí a muchas personas que practicaban estas construcciones. Con el tiempo forme un estudio de bioarquitectura llamado ‘Conexión bioarquitectura’. La idea del estudio era conectar con gente del ruedo. Así fue como conocí a Osvaldo, que es quien les da forma a lo que diseñamos”, detalló la arquitecta.

Respecto a la construcción de su zome, Ianina afirmó que fue por decisión propia. “Nos lleva de vuelta a la simplicidad y a una vida sencilla, en contacto con la naturaleza y en un ambiente atractivo. Nuestra idea es construir tres zomes conectados: su volumetría es un zome con cocina, comedor y sala de estar. Los otros dos zomes serían habitación con sus respectivos baños”, dijo.

Matemáticas divinas: las piscinas Fibonacci

Para Osvaldo, la llamada sucesión de Fibonacci es una de las formas matemáticas para encontrar el denominador común entre los patrones y los diseños de la naturaleza.

“Leonardo de Pisa, también llamado Leonardo Pisano o simplemente Fibonacci, fue un matemático italiano. Difundió en Europa la utilidad práctica del sistema de numeración indo-arábigo frente a la numeración romana y fue el primer europeo en describir la sucesión numérica que lleva su nombre. En matemática, la sucesión de Fibonacci se trata de una serie infinita de números naturales que empieza con un 0 y un 1 y continúa añadiendo números que son la suma de los dos anteriores: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233 hasta el infinito”, resaltó.

“Eso es lo que implementamos en nuestras construcciones, en las yurtas, domos y zomes, como así también en las piscinas. En la naturaleza todo fluye, todo tiene armonía, es lo que tratamos de imitar en estas construcciones gracias a su geometría sagrada”, dijo.

“En este momento estamos en la construcción de nuestra tercera piscina con secuencia Fibonacci. Lo novedoso de esta construcción es que no se utiliza hierro, además los patrones geométricos hacen la estructura sea flexible e incolapsable, sin generar fisuras. También la secuencia permite que no necesites de químicos ya que el sistema constructivo genera una pequeña e imperceptible corriente de circulación natural que la mantiene limpia y en constante fluidez”, finalizó Osvaldo. Fuente: Unidiversidad