VICO es (y siempre fue) una invitación al disfrute lúdico. Se trata de un espacio para curiosos profesionales y amantes del vino que quieren conocer las últimas tendencias, saborear esa joyita única de tal o cual bodega o darse el gusto y probar varios a la vez.

Así fue la propuesta desde los inicios de VICO, allá por 2017, cuando su concepto disruptivo presentó una nueva forma de disfrutar del vino de alta gama sin formalismos, lejos del acartonamiento de los clásicos restaurantes. Se abrió paso en nuevos segmentos y logró posicionarse como uno de los wine spots más interesantes de la ciudad de Buenos Aires.

Tal como sucede en los ya consagrados locales porteños, la experiencia VICO Wine Bar Mendoza comienza copa Riedel en mano. El visitante armará su propia carta a medida que recorra los 6 dispensers con 48 etiquetas curadas por el Head Sommelier de la marca, Pablo Colina.

Con esta asesoría profesional, quien visite el local de VICO Wine Bar Mendoza, en Rivadavia 789, en el corazón de la capital mendocina, podrá probar distintos vinos de alta gama sirviéndose copas directamente de los dispenser WineEmotion, la tecnología que permite preservar el vino en óptimas condiciones por varias semanas y que ofrece tres medidas diferentes: 50, 100 y 150 ml (desde los $160 hasta $2000, dependiendo de la etiqueta, la bodega, la alcurnia del vino elegido).

El local, una esquina vidriada de dos plantas (donde supo funcionar la pizzería Orégano), fue acondicionado para continuar la misma estética de VICO y también para aprovechar al máximo las potencialidades del lugar. En el primer piso, en breve, se realizarán las esperadas Catas con Moño a cargo de Colina, degustaciones, presentaciones de vinos y eventos del mundo vitivinícola.

“Fue emotivo abrir y recibir a muchos enólogos, amigos, profesionales de este universo que siempre nos acompañan y ojalá este VICO se convierta en un lugar de referencia del vino argentino para todos los que visiten Mendoza”, dice Gabriela Vinocur, una de las socias.

Recordemos: la tecnología Wineemotion permite conservar el vino sin indicios de oxidación, evita el desperdicio, ya que solo se sirve la copa deseada y “no sobra”, y además asegura el servicio a temperatura correcta gracias a su sistema de refrigeración programable.

Cada dispenser contiene 8 botellas perfectamente dispuestas y son la gran vidriera de VICO. En el caso del local de Mendoza, hay un juego nuevo a la calle: dos de las máquinas se dispusieron estratégicamente para poder ser usadas desde la vereda, lo que vuelve la experiencia muy divertida para quienes disfrutan sentados plácidamente al aire libre en la hermosa esquina del local.

La tarjeta divina

Otra de las marcas de identidad de VICO es la forma de pago: quien llegue por primera vez se sorprenderá. Lo recibirán con una tarjeta de pago similar a las de crédito -que se puede cargar con dinero y usar en esta visita o en próximas ya que puede estar a tu nombre- o también servirá para abonar el consumo al final de la noche. Esta tarjeta es la llave mágica que tras ser insertada en los dispensers -botón mediante- permite elegir el vino y la dosis justa de placer en cada copa.

La propuesta involucra a vinos de todas las regiones vitivinícolas del país, una selección a cargo de Colina y Fernando Procupez, socio y creador del concepto en Argentina.

Por supuesto, la cocina y su horno de barro merecen destacado especial: aquí se luce el chef Juan Ventureyra (con amplia experiencia en la cocina especializada en el vino de Mendoza), que trabaja con vegetales de su propia chacra y diseñó una carta con productos de estación porque si hay algo que no falta en esta provincia son vegetales y productores increíbles.

Cada comensal podrá maridar como le guste, pedir consejo al sommelier o probar con distintos vinos a la vez. ¿Habrá un juego más divertido?

¿Qué comer?

De entradas, burrata con peperonata (con olivas verdes, perejil fresco, pesto de tomates secos, $850); croquetas de garbanzos con chutney de peras ($550); hinojos al horno con queso crema, rúcula y nuez con taralli (galletas italianas con semillas de hinojo) ($750), empanadas al horno de barro con salsa llajua ($550), entre otros.

De principales, prima la proteína animal (aunque, por supuesto, hay opciones veggies): carrillera con batatas ahumadas, hojas verdes y olio santo ($1150); ojo de bife con papas rústicas, olivas verdes, cebolla, limón y perejil ($1650), burguer de cerdo con repollo laminado, pickles de cebolla morada, mermelada de ajíes y tártara de alcaparras ($950) o Girándola de Vegetales gratinada con salsa pomodoro ($950) o malfatti de espinaca con salsa de hongos secos ($1050). El cordero no podía faltar, viene en formato albóndigas al anís con trigo burgol ($1150).

VICO Wine Bar Mendoza

También hay tapeo: olivas ascolana, mini burrata con croute de verdes, caponata, papas rotas aciduladas, peperonata, escabeche de porotos y croquetas de cerdo con limón (promedio $400). Si querés algo más liviano, hay ensaladas y sándwiches con el toque maestro de Ventureyra.

Los amantes de las pizzas también tienen opciones: hay margherita y cebolla y queso brie que salen de sueño al horno de barro. De postre: el genuino queso y dulce (versión queso brie o cuartirolo o sbrinz) con miel, nuez y dulces caseros; baba al rhum, flan de dulce de leche.

Tragos, habrá un carrito que circule con las bebidas que elabora el grupo: Gin Heráclito, Vermut Lunfa, las aguas tónicas Santa Quina y más. Fuente:  Vinómanos