Francisco Álvarez es fanático de los videojuegos desde que era un chico. Cuando se le rompía un joystick, lo desarmaba y lo arreglaba por su cuenta, lo que le permitió aprender los aspectos más básicos de la electrónica de estos dispositivos.

El año pasado, Álvarez cursó la materia de Tecnología Asistiva en la carrera de Terapia Ocupacional de la Universidad Maza, en Mendoza, en la que aprendió a hacer pulsadores de bajo costo. Fue entonces cuando decidió sumar estos conocimientos para realizar su tesis sobre un joystick adaptado , para que personas con discapacidades puedan tener acceso a videojuegos como un instrumento de entretenimiento y también como una herramienta terapéutica con beneficios físicos, neuronales y psicológicos.

En diálogo con TSS, Álvarez explicó: “Empecé a recolectar joysticks porque no tenía plata, estaba estudiando en la carrera de Terapia Ocupacional y no trabajaba, así que no podía comprar un joystick nuevo. Conseguí uno con conexión USB para la computadora, que fue la base sobre el que desarrollé el primer prototipo. Tuve que comprar cables y microswitches (interruptores eléctricos que se accionan por movimiento) para hacer nuevos botones, y el resto lo hice todo con material reciclado . Usé una madera que me sobró de una biblioteca y los botones los hice con unos discos de MDF que descartaron en una obra en construcción cerca de mi casa”.

Pulsar los botones con todo el cuerpo

El joystick funciona igual que uno normal pero es más grande, de manera de poder tocar un botón con toda la mano en lugar del dedo. Puede pulsarse con los pies, los codos, las muñecas y el puño cerrado o abierto. El paso siguiente del proyecto es recolectar más dispositivos electrónicos en desuso (joysticks pero también teclados y otros periféricos de computadoras) para poder montar un laboratorio de experimentación y allí hacer nuevos controladores adaptados a la disfunción particular de cada paciente. Algunos deberán ser accionados solo con una mano y otros con ayuda de los pies. El objetivo es que sean accesibles para todas las personas, sin importar su limitación física o económica.

Actualmente, Álvarez está en contacto con otras dos personas que lo están asesorando en cuanto a conocimientos teóricos sobre electrónica y publicó un video para difundir su proyecto, destinado a quien quiera sumarse y aportar más conocimiento para perfeccionar el artefacto o avanzar en su fabricación a escala industrial.

“Me faltan conocimientos para poder entender los circuitos electrónicos de PS3 (PlayStation 3, la consola de videojuegos de Sony) que son un poco más complejos. Cuando todo esto pase (en referencia a la pandemia) armaremos un equipo de trabajo para poder hacer la investigación”, explicó. Sus contactos solo han sido virtuales, ya que el aislamiento social no les ha permitido conocerse personalmente.

La reacción de los primeros pacientes

Álvarez le dijo a TSS que las pruebas con usuarios fueron satisfactorias: “Lo he probado con tres personas: una que tiene síndrome de down, otra con parálisis braquial obstétrica y una tercera que tiene encefalopatía crónica no evolutivas, lo que se conocía como parálisis cerebral. Esas personas nunca habían usado videojuegos porque no podían manipular los controles y gracias a este dispositivo jugaron por primera vez. Les brillaban los ojos y estaban muy contentos y asombrados de poder ser ellos los protagonistas del videojuego. Desde la terapia ocupacional buscamos que la persona pueda ser lo más independiente posible para mejorar su calidad de vida”.

La industria de los videojuegos está entre las más importantes en el rubro de ocio y entretenimiento, por encima del cine y la música, pero no es accesible para todas las personas. Su disfrute requiere atención, control fino de los dedos y una capacidad de estímulo-respuesta muy rápida. Desde 2018, la empresa Microsoft ofrece un controlador adaptado para su consola Xbox, que tiene un costo de alrededor de cien dólares.

El dispositivo diseñado por este estudiante permitiría ampliar el acceso a personas con capacidades diferentes . “Me parece importante remarcar el derecho al juego y creo que sería bueno que desde el diseño de los videojuegos se tuviera en cuenta a las personas que quedan excluidas de esta actividad. Sería muy positivo que los desarrolladores de videojuegos generen un nivel extra, así como está el de principiante y experto, uno que tenga en cuenta la accesibilidad, en el que la persona pueda tener la opción de cambiar la velocidad del juego, lo que sirve para incluir a quienes tienen distinta respuesta física a ciertos estímulos”, dijo Álvarez.

Y concluyó: “Hay que tener en cuenta los beneficios de los videojuegos para la salud. Se activan muchas partes del cerebro cuando uno juega, se pone en práctica la resolución de problemas, la capacidad de alerta, la proactividad y ayuda con problemas psicológicos como disminuir el estrés, sobre todo en estos tiempos de cuarentena. En el caso de personas que alguna discapacidad, a través de los videojuegos pueden tener un gimnasio neuronal y también físico, con técnicas de accesibilidad”, finalizó Álvarez.