Aún con un piso de consumo que ya empezó a perforar los 19 litros per cápita anuales, y a un ritmo menor al de hace tres años cuando en plena crisis de la industria “agrandó la familia”con la compra de Navarro Correas al gigante británico de las bebidas Diageo, grupo Peñaflor vuelve a la carga con nuevos planes de expansión. Planes que apuntan a la región patagónica, la única en donde aún no hizo pie, mientras siguen los sondeos iniciados en 2018 para hacer lo propio en otros países.

“No estamos pensando en expandirnos al nivel que lo hicimos en algún momento en el país. Hacerlo apunta a enriquecer un portfolio ya de por si muy rico, en alta gama y en la Patagonia, donde no tenemos presencia aún. Es un nombre y una marca muy fuerte en el exterior para Argentina, que los clientes demandan”, explicó el director de Relaciones Institucionales de Peñaflor, Francisco Do Pico.

A propósito de lo que ocurre en otros países, Do Pico admitió que “estamos diversificándonos en el exterior buscando viñedos y bodegas, pero hasta ahora no hay nada cerrado”.

En tal sentido, la firma, que alcanzó una facturación cercana a u$s 400 millones el último año, ya había iniciado contactos tanto en España como en Chile donde parte de los integrantes de la familia propietaria y accionistas de la controlante Terold, los Bemberg, mantienen vínculos.

Fronteras adentro, hasta hace poco las negociaciones apuntaban a Fin del Mundo, la bodega fundada por el empresario inmobiliario Julio Viola que lideró el desarrollo del polo vitivinícola de San Patricio del Chañar, en Neuquen. Pero la ruptura de la sociedad que Viola mantenía con Eduardo Eurnekian dejó la potencial adquisición de la bodega neuquina en stand-by.

“Si bien representa solo un tercio en volumen, claramente apostamos a la exportación y somos el principal exportador de Argentina. El mercado interno representa muchos desafíos, hay que seguir innovando con productos atractivos y comunicación dirigida al público mas joven”, justificó el directivo de Peñaflor en relación a la estrategia de crecimiento.

Cabe recordar que hasta ahora Peñaflor tiene presencia en San Juan, con Finca Las Moras, y en Salta, a través de El Esteco y La Rosa (ex Michel Torino). En Mendoza, le sumó a Santa Ana y la sanrafaelina Suter otros dos eslabones entre 2016 y 2017, cuando la crisis de rentabilidad por varias temporadas de excedentes vínicos provocó algunos cambios de manos.

Primero fue Navarro Correas con buena parte de su cartera de productos, tanto vinos como bebidas blancas con el vodka Smirnoff y Legui a la cabeza, adquirida a la multinacional inglesa Diageo. Y en 2017 la maipucina La Mascota, enfocada casi exclusivamente en la venta de vinos online.

Con todo, en un par de años el holding vitivinícola argentino, consolidado entre los 5 mayores del mundo, logró multiplicar casi 2,5 veces su facturación.

Arrancó la bodega Bemberg

Puertas afuera se lo presenta como “un proyecto satélite” de los accionistas del grupo, la familia Bemberg. Lo cierto es que la cosecha 2019 es la primera elaborada en la nueva bodega de Gualtallary y bautizada con el apellido, la niña bonita de los eslabones de Peñaflor que se distingue como el faro dentro de su negocio de vinos ultra Premium.

Sobre el proyecto, Do Pico aclaró: “la Bodega Bemberg es de la familia y societariamente está separada del Grupo”.

Según adelantó el ejecutivo, la construcción del establecimiento cuya capacidad asciende a 300 mil litros “estará listo hacia fin de año”. Pero eso no obsta para que ya este operativo, como nodo que concentra “lo mejor de la producción de las fincas de la familia en todo el país”.

Al respecto, el directivo resaltó que “con la tradición vitivinícola familiar en otros países, es la primera vez que le ponen su nombre a una bodega, lo que representa un cambio muy fuerte. Y tener en el mercado local e internacional la primera añada genera entusiasmo”.