La Fundación Mediterránea elaboró un trabajo titulado “Informe de Coyuntura Regional Cuyo”. Allí plantea que la economía carioca todavía no logra despegar, lo cual no es una buena señal para Mendoza, porque es uno de los principales compradores externos de sus productos. El informe tiene como objetivo mostrar la magnitud de este impacto, desde una perspectiva agro y agroindustrial.

En 2018 Brasil le compró a Mendoza casi u$s 300 M anuales, que representan casi la
quinta parte de las exportaciones mendocinas. Algo de vinos y principalmente
productos agro (ajo, frutas frescas), agroindustriales (ciruelas desecadas y duraznos,
en forma de pasta y en lata) y olivícolas (aceitunas en conserva y aceite de oliva)

Y dentro de los productos industriales que no son de base agrícola, se destacan los
plásticos.

Dentro de cada producto, Mendoza es muy Brasil-dependiente en ajos y aceitunas
preparadas (le vende más del 80% de lo exportado), y en términos medios, en ciruelas
secas (31%) y aceite de oliva (37%). Es poco dependiente en vinos (7%) y duraznos
preparados (14%).

En 2018 Mendoza exportó a Brasil: ajo: u$s 76 M (millones), vinos: u$s 54 M, aceitunas: u$s 17 M, ciruela seca: u$s 17 M, aceite de oliva: u$s 6 M, entre otros.

En lo que va de 2019, las importaciones brasileras de esos productos,
independientemente de su origen, han tenido un comportamiento heterogéneo. Mejor
en aceitunas y ajos, y peor en aceite de oliva, ciruelas secas y durazno preparados.

Una inquietud es si Brasil nos ha ido sustituyendo por otros similares del resto del
mundo, en productos típicamente de Mendoza. Tomando seis productos, la situación
es también heterogénea.

Los dos casos más sorprendentes son vinos fraccionados y aceite de oliva. Brasil viene
demandando mayor cantidad de ambos productos, pero Argentina le ofrece el mismo
volumen (o menor), señal de una fuerte sustitución. Es notorio el ingreso de vinos
chilenos y el aceite de oliva de países europeos. La pregunta es si se trata de un problema macroeconómico (falta de financiamiento, acuerdos comerciales, tipo de
cambio), o hay también problemas específicos en dichos sectores.

Otro caso es la reducción notoria de las importaciones brasileras de duraznos
preparados. No es un problema macro, sino que particularmente están comprando
menos de ese producto, independientemente de su origen. Es posible que opten por
adquirir sustitutos.

En los otros se aprecia una sustitución pero es menor en relación a los recién
analizados.

¿Qué esperamos para el futuro?

Las importaciones dependen de los ingresos de la población que compra. Cuando Brasil
entró en recesión, lo que más cayó fueron sus importaciones.

En 2019 Brasil apenas crecería y se estima un 2%2 para 2020. En cuanto a sus
importaciones, se pronostica un aumento a mayor ritmo. Acorde a nuestras
estimaciones, cuando el PBI aumenta un 1%, sus importaciones lo hacen al 2,4%.

No sólo se debe considerar si tendrán mayores ingresos (PBI), sino además saber si se
encarecerán con respecto a nuestro país (tipo de cambio real). La dinámica en los
últimos cuatro años es que Brasil se estaba encareciendo con respecto a Argentina, favoreciendo nuestras exportaciones. En este año, Argentina había devaluado, pero en
estos últimos dos meses también lo ha hecho Brasil. De esta manera, el tipo de cambio
real con respecto a ese país es similar al de hace un año atrás.

Resumiendo, para 2020 se espera un leve crecimiento de la economía brasilera, y algo
más de importaciones. Brasil se había encarecido, pero no es así en los últimos meses.
Y por el lado argentino, a pesar de no estar todavía definida la política económica del
nuevo gobierno, es probable esperar un leve encarecimiento de nuestro país (un dólar
oficial que se iría rezagando con respecto a la inflación). Por lo cual, para 2020 el
impulso brasilero no presentará grandes cambios (aunque no sería en contra).

Pensando en Mendoza, ¿qué es lo que se está viendo? En los últimos meses se han
visto algunos puntos positivos, como una recuperación en el precio de exportación en
ajos y ciruelas secas, pero no así en aceite de oliva ni en vinos, que justo son los
productos en que Brasil nos ha sustituido más fuertemente.

Podés acceder aquí al informe completo