Periodista

La construcción está lejos hoy de ser una estrella dorada a la hora de invertir. Si bien los ladrillos nunca dejan de ser un resguardo seguro y palpable para quienes quieren cobijarse de la incertidumbre, el contexto actual hace que sean contados los proyectos adonde los inversores acuden para potenciar lo que tienen.

Así, aunque hay quienes directamente aconsejan huir de los bienes raíces al momento de hacer negocios, lo cierto es que la inversión en pozo o las propuestas que ofrecen financiación propia son una alternativa en el mundo de las inversiones.

Se trata de apuestas modestas y de individuos que pueden tener el dinero y temen que se siga devaluando con la inflación o el freno del dólar (al menos hasta después de octubre).

En este sentido, el economista José Vargas de la consultora Evaluecon, explicó que el complicado contexto actual no favorece prácticamente ninguna inversión, pero que si algunas variables como inflación y dólar se estabilizan en algunos meses, podría convenir la inversión en pozo; siempre pensando en el mediano y largo plazo. Es decir, podría favorecer al que invierta hoy en pozo y no dentro de 6 meses.

Desde su punto de vista, si bien en la actualidad las propiedades están lejos de obtener rentabilidades que valgan la pena, lo cierto es que continúan siendo un resguardo para muchas personas que prefieren contar con un bien que se puede rentar o vender más adelante.

Sin embargo, la ley de alquileres y la lectura que algunos empresarios hacen hoy del contexto económico va en detrimento de la inversión en ladrillos. “La gente tiene temor a que le congelen los aumentos o a no poder sacar al inquilino si éste no cumple con el pago”, opinó el economista Daniel Garro quien por este motivo está lejos de recomendar a sus clientes que pongan el dinero en ladrillos, cualquiera sea el “envase” en que se ofrezca.

Desde su punto de vista, la inversión en propiedades da una sensación de seguridad que en los tiempos que corren se escapa debido –entre otras cosas- a las políticas intervencionistas actuales así como a la caída en los niveles de rentabilidad existentes en parte por la inflación, en parte por el aumento de la oferta y la baja de precios en dólares.

En este contexto, Gerardo Fernández, presidente de la Cámara de Constructores Independientes (Cecim), comentó que la obra privada está “prudente” y funciona al 40% de su capacidad.

Es que quienes tuvieron ahorros en dólares el año pasado contribuyeron modestamente a movilizar el mercado de la construcción de la mano de refacciones o ampliaciones así como por la diferencia que había entre el dólar paralelo y el oficial. El principal impactado aquí es el comercio, que el año pasado no dio abasto con la demanda y los pedidos de guardado de materiales.

Al terminarse esto, el sector desarrollista se encuentra dando pasos de bebé a la hora de planificar nuevos proyectos y más bien se observan avances de obras y tímidas propuestas (en líneas generales) con el fin de atraer inversores o, más bien, pequeños inversores que apuesten a financiaciones convenientes en relación con la tasa del plazo fijo y la inestabilidad del dólar.

En la opinión de Gerardo Fernández quien tiene el dinero hoy busca rentabilidades más a corto plazo que una obra de pozo en la que hay que esperar tres o cuatro años. El empresario admitió, no obstante, que en Mendoza hay desarrollistas que han agotado las plazas de pozo en uno o dos días debido a la confianza que ya generan entre sus clientes.