Co-fundador y Director en YG Design

¿Es cierto que las fronteras de “imagen país” en el packaging de vinos, comenzaron a borrarse?

Veamos algunas diferencias que encontramos respecto años atrás, en vistas a mostrar una evolución en este sentido, a nivel mundial:

  • Argentina

Se nota una tendencia, en algunos productores más marcada que en otros, de irse a etiquetas más jugadas, mostrando algo más de concepto. Por supuesto las más rupturistas son bodegas medianas y boutiques, que se permiten ciertas libertades a las que no se animan por diversos motivos, las bodegas mas grandes.

Los vinos de portfolio o “de serie” con marca de productor como protagonista siguen exentos de esta nueva corrida y cuando se “salen del molde” lo hacen con un producto puntual en su portafolio. Son pocas las grandes y tradicionales que se animan al cambio.

En cuanto a arquitectura de marca, comparando con Chile, se vio más presencia de rótulos con marca de producto distinta a sus marca de productor, en ese sentido más conceptuales.

Sin embargo, el estilo clásico y semi-afrancesado sigue reinando en el ADN del vino argentino.

  • Chile

Mantiene un poco lo que se venía viendo ya desde el 2015. Etiquetas con intención de contar una historia, mostrar un concepto. Tendencia que no se ha visto interrumpida pero tampoco exacerbada.

Muy pocas con ideas rupturistas. Las más atrevidas son viñas pequeñas o algún vino especial de viña grande. Artes que hacen referencia al terroir, al contexto, a pueblos originarios, entre los más vistos.

Portafolios uniformes con “imagen tranquila” de vino de nuevo mundo.

  • España

Hasta no hace tanto, veíamos que habían “2 Españas”, no divididas por zonas o regiones sino, por sus presentaciones tradicionales VS contemporáneas y disruptivas. Hoy una gran mayoría de sus bodegas se muestran, totalmente rupturistas. Podríamos decir, que España ha dejado de ser España en este sentido. Y la proporción de presentaciones tradicionales, ha disminuido. Manteniéndose en las marcas emblemáticas de las grandes bodegas españolas.

Etiquetas en su mayoría temáticas y muy atractivas desde lo visual. Un objeto/animal personificado. Estilos funny-labels, uso de presentaciones con una única imagen, muy llamativa, ya sea dibujo técnico, plenos de color, texturas o fotografía.

En sus marcas, nombres disparatados, en algunos casos cómicos, inesperados.

Sucede que estos conceptos innovadores desde la narrativa visual, al ser recursos tan repetido por la mayoría de las bodegas, se convirtieron en un código uniforme. Atentando claro, la percepción de la “imagen de España” que se tiene en el mundo como país productor tradicional y del viejo mundo.

  • Portugal

Fuera de las clásicas. Sigue la tendencia que venía mostrando. La imagen del vino en ese país es una revolución del viejo mundo. Rótulos descontracturados, poca presencia de elementos que aporten tradición. Se ha mantenido en los últimos años una identidad de vino país más volcada a códigos de nuevo mundo.

A diferencia de España, son menos rupturistas y no cargan con un pasado de larga tradición en el mundo del vino a nivel imagen.

  • Sudáfrica

En gran parte de sus presentaciones, se muestra con un ADN propio. Hay mucha presencia de paisajes inconfundiblemente africanos. Artes que incluyen flora/fauna de la selva o en el troquel del mapa. En algunos casos desde el naming: marcas que usan un juego de palabras incluyendo cape; o la misma marca ‘’Mandela’’ con artes estilo aborigen de mucho color.

Pero así también rotulaciones algo más tradicionales/genéricas, que podrían ser estrictamente europeas.

  • California

Por un lado el estilo clásico “Mondavi” y por otro encontramos quizás las más atrevidas presentaciones de vino del mundo.

En el primer grupo, el estilo clásico conjuga un toque distintivo en el color, que hace que no se confunda con una Francia, por ejemplo.

Mientras que en el otro, las presentaciones totalmente jugadas se apoderan no sólo de lo visual si no también de sus conceptos asociados y del naming de los productos.

  • Australia

Encontramos muchas similitudes con California. Una tendencia a estilos desprejuiciados, uso del color y del humor. Tienden a contar historias.

Pero también como en California, siguen conviviendo éstas con otros rótulos de estilo más clásico y prolijo.

  • Francia

Sin lugar a dudas, “Francia sigue siendo francesa” a la hora de vestirse en sus etiquetas. Una gran mayoría conserva su impronta de comunicación. Su estilo sigue cuidando mucho el Chateau y el ornamento, las composiciones simétricas y el look tradicional. Encontramos algunas excepciones más “informales” pero que en todo caso dejan ver igualmente un aire de marcada elegancia francesa.

Los rosé de Provenza también siguen una línea visual que los identifica y destaca de cualquier otra denominación de origen. Botellas elegantes y con un toque femenino, en ocasiones particulares (no standard) y muchas veces con la información pintadas sobre el mismo vidrio. Las que no, de etiqueta clara y elegancia minimalista.

  • Sur de Francia

Ya consolidado en su estilo. Se anima cada vez a más. Incorporando ahora algo más de humor en sus ya rupturistas presentaciones. Mayor presencia de personajes.

  • Italia

Así como Francia, se mantiene fiel a su imagen de marca país en el vino.

A nivel cromático, son mucho más animados que las clásicas etiquetas argentinas, chilenas o francesas. Aunque comparten bases de estilo clásico, son menos tímidos en cuanto la presencia de troqueles irregulares, composición y tamaños de tipografías. Este último recurso, está muy presente a la hora de hacer notar las denominaciones de origen de sus productos.

En su mayoría no son etiquetas conceptuales, sino que hacen referencia casi siempre a la tenuta, doc o familia. Y en menor medida a marcas con nombre de fantasía.

En conclusión, las fronteras en cuanto a imagen del vino entre los países están lejos de ser borradas. Cada país mantiene en gran medida los mismos códigos que ya venían manejando desde los últimos 10 años. Animados sí al rejuvenecimiento a través de algunos productos del portafolio o, en el caso de las bodegas más chicas o emergentes, haciendo un portafolio más bien conceptual y en ocasiones, rupturista.