“Si van a emprender, tienen que buscar algo que realmente los motive. Que si un día tienen que trabajar 16 horas seguidas, no sea una tortura, sino que sea algo que les dé placer”, fue el consejo que Manu Ginobili, el ex jugador de la selección argentina y cuádruple campeón de la NBA dio como cierre de la entrevista que le hicieron en Experiencia Endeavor virtual.

Desde su casa, el emblema de la Generación Dorada, repasó junto con Nicolás Szekasy, cofundador y managing partner de Kaszek Ventures su historia, la de sus grandes logros, pero, sobre todo la de sus fracasos y cómo se repuso.

Los ejes de la charla fueron el valor de la resiliencia, el esfuerzo y trabajo en equipo, la disciplina como clave para nunca rendirse y una mentalidad de superación para lograr metas.

Para sorpresa de muchos, Ginóbili contó sobre sus fracasos. Y relató que cuando lo rechazaron para integrar algún equipo,”me escondí debajo de un escritorio y lloré muchísimo tiempo”.

“A los 15 años quedé fuera del seleccionado bahiense sub-15 y era algo que yo realmente estaba esperando. El único recurso que encontré para lidiar con eso fue sentarme a llorar debajo de mi escritorio. Lloré por un buen tiempo. Pero después uno madura y aprende de las frustraciones. Hasta que llegás a los 35 años y en lugar de encerrarte a llorar, le pegás un par de piñas a la almohada y pensás por qué pasó, y ves cómo podés usarlo como aprendizaje para que no vuelva a suceder. Y si pasa, al menos te sientas de esa manera”.
Ginóbili, además, destacó que en sus últimas frustraciones había comenzado a hablar consigo mismo como si lo estuviera haciendo con su mejor amigo. Trataba de encontrar qué se podía hacer con aquello que ya había pasado. Y, sobre todo, entender que no vale la pena lamentarse sobre lo que sucedió, porque no se puede cambiar el pasado.

En su carrera tuvo que pasar por varios cambios. Primero, de su club de infancia y juventud, Bahiense, al profesionalismo de la Liga Nacional en Andino de La Rioja. Después de la Argentina e Italia. Y por último, de Europa a la NBA.

“Los dos golpes más fuertes fueron el paso al profesionalismo y el desembarco en la NBA. Cuando llegué a Andino no estaba en condiciones físicas de jugar. Pesaba 75 kilos y medía lo mismo que ahora, imagínense lo que era eso. Pero aprendí a rebuscármelas para sobresalir entre tantos veteranos”, dijo.

Ya en Italia, el cambio le resultó más sencillo. El secreto: tenía ambición de sobresalir y de aprender. En cada partido quería aprender algo de las leyendas a las que se enfrentaba. Además, hasta entonces prácticamente nunca había logrado ganar ningún título con los equipos en los que jugó.

“Creo que una vez ganamos un intercolegial y eso fue todo. Como que estaba muy trabado en ese aspecto y tenía muchas ganas de ganar algo”, señaló y destacó que en Kinder Bolonia se encontró con un entrenador defensivo al que tuvo que adaptar su juego.
Sobre su llegada a San Antonio Spurs, dijo que fue muy dura. No solo porque se había lesionado en el Mundial de Indianápolis -en el que Argentina obtuvo la medalla dorada- y no podía tener minutos en cancha, sino porque ya no era “el que jugaba lindo”. Los primeros dos años, agrega, fueron complicados.

Pero pasado ese tiempo logró desarollar la confianza. En parte porque encontró en el francés Tony Parker alguien con quien hacer sociedad. Y a partir de allí poder agrandar ese lazo a otros jugadores como el entonces mejor jugador de los Spurs, Tim Duncan, y al propio entrenador Greg Popovich.

“Tuve que adaptarme y hacer el trabajo sucio. Dejar los guantes blancos, de ser el que jugaba lindo a tratar de sacar un foul en ataque para poder sumar puntos o a pensar en pasar la pelota antes que en anotar. Con la selección fue distinto. Fue un grupo de amigos que se juntó, que teníamos más o menos la misma edad. Nos conocíamos de chicos y no había lugar para lucha de egos. Fue más natural. Éramos chicos que jugábamos juntos y la pasábamos bárbaro. Fue una coincidenia extraordinaria”, señaló.

La manera en que logró todo esto, agregó, es porque nunca lo consideró un trabajo. Incluso cuando terminaba dolorido y tenía que volver a entrenar. Jugar al básquet siempre le dio placer.

“En mi caso, lo que más sirvió es que amaba profundamente y creía profundamente en lo que hacía. Para mí era un placer, y como era un placer lo quería hacer bien y quería ser cada vez mejor. Esa es la verdader motivación para lograr lo que uno se propone”, concluyó.

Frases de Manu o lecciones de management

  • Durante la charla, “Manu” habló del valor de la resiliencia y del esfuerzo; la priorización del equipo por sobre el esfuerzo personal  y la disciplina como clave para no rendirse.
  • “A los 35 años en vez de llorar le pegás una piña a la almohada y pensás por qué pasó tal cosa. Lo usás de aprendizaje para no volver a cometer el mismo error”, detalló.

Sobre el ciclo

Además de Ginóbili, también participaron del ciclo virtual el neurocientífico Mariano Sigman, quien hizo foco sobre la capacidad de adaptación del hombre frente al cambio y Paula Cardenau, cofundadora y directora de Arbusta, quien abordó “la potencia del talento no mirado”.

Esta edición cierra el ciclo de cuatro eventos on line, en los que ya se conectaron personas de diferentes países de la región y que contó con la participación de líderes locales e internacionales, para brindar herramientas para estar mejor preparados para el día después de la pandemia.

“La Experiencia Endeavor Virtual fue nuestro aporte para acortar distancias en momentos de aislamiento. Es una propuesta para acompañar a los emprendedores en este momento con ideas y perspectivas de grandes referentes para prepararse para lo que se viene y una mirada sobre las oportunidades que presenta esta situación tan desafiante a nivel mundial y pueden ser aprovechadas por los emprendedores”, dijo María Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor Argentina.

Todas las charlas pueden volver a verse en el canal de Endeavor Argentina en YouTube.