Mauro Colagreco es un prestigioso chef argentino que vive un gran presente. Es dueño de la marca Carne (red de hamburgueserías que en diciembre de 2020 inauguró un local en Mendoza) y del restaurante Mirazur en Menton, Francia. Este proyecto cuenta con 3 estrellas Michelin y en 2019 fue elegido como el mejor del mundo por The World’s 50 Best Restaurants. Además, participa como jurado de Prix de Baron B Édition Cuisine, concurso de emprendimientos gastronómicos de todo el país (www.prixbaronbcuisine.com.ar).

La charla con Colagreco fue en el marco de la presentación del Prix de Baron B – Édition Cuisine, una iniciativa que reconoce proyectos gastronómicos integrales por su sustentabilidad y visión transformadora, que estén generando un cambio en su entorno y haciendo un aporte a la gastronomía argentina.

En la tercera edición de este concurso, un jurado de excelencia formado por Colagreco, Martín Molteni, Manoella Buffara y Richard Geoffroy será el encargado de evaluar a los postulantes, seleccionar a tres finalistas y designar al ganador.

-¿Cómo es la experiencia de integrar el jurado de Prix de Baron B Édition Cuisine?

El fin del concurso es valorizar la gastronomía nacional a través de proyectos con impacto social, ambiental y económico. Cuando comenzamos apenas se hablaba de nuestra relación con la naturaleza en términos sociales. El concurso, realmente de vanguardia, impulsa el desarrollo de proyectos gastronómicos, la autonomía alimentaria de un lugar y sobre todo, su impacto, algo que vivimos más de cerca con la pandemia.
Premiamos la excelencia en lo cotidiano, en la manera de afrontar un proyecto independientemente del tipo de gastronomía. Cito una frase de Paul Bocuse: “hay dos tipos de cocina, la buena y la mala”. La excelencia se puede encontrar en cualquier proyecto.
Es un verdadero placer ser parte de esta iniciativa ya que me conecta con lo mío, que es la gastronomía, y con mi país amado en un momento difícil. Más allá de los proyectos que tengo en Argentina es muy lindo conocer otros emprendimientos con tanto o mayor impacto que los míos. Es una alegría y un honor.

-¿Cómo es su vínculo con Mendoza?

Mi papá vivió durante su infancia en San Rafael y tiene recuerdos hermosos que siempre compartió con nosotros. A mis 6 o 7 años de edad visité por primera vez la provincia y fue un viaje muy especial.
Admiro el trabajo que se ha hecho con los vinos. Mendoza ha puesto a Argentina en el mapa vitivinícola internacional de una manera extraordinaria. Las decisiones que se han tomado y el camino han sido los correctos en este sentido. Gracias a esta industria hay una conexión internacional que ha mantenido a la provincia siempre a la vanguardia. También valoro mucho la relación histórica de sus habitantes con la tierra que da origen a la producción frutícola y hortícola. Es un aspecto que me gusta ya que está relacionado con lo que vivo día a día, tanto a nivel profesional como personal.

-¿Cómo fue el desembarco de Carne en la provincia?

La verdad es que fue muy lindo para nosotros llegar con este proyecto a Mendoza. Es el primer local de la marca fuera de Capital y de La Plata que es donde nacimos.
Carne busca tener un verdadero impacto en lo social, en lo ambiental y en lo económico. Obtuvimos la certificación como Empresa B que justamente premia a las empresas que quieren dejar una huella positiva para la sociedad y el mundo.

¿Cómo debió reinventarse la gastronomía en el escenario de pandemia?

Si bien la gastronomía ha sufrido muchísimo a nivel mundial, hemos visto su capacidad de adaptación y reacción como industria.
A pesar de que es un momento difícil, en el que no vemos una luz al final de este túnel que parece de ciencia ficción, estoy convencido de que nuestro trabajo puede cambiar de cierta manera el mundo.
Al principio del confinamiento vimos las reacciones de la industria en diferentes lugares, colaborando con hospitales, con gente que vive en la calle y con los más necesitados. Las empresas mostraron al mundo la capacidad de esta industria. Tenemos un rol muy importante a jugar en términos de educar al consumidor y generar un impacto positivo.
Todo esto nos lleva a darnos cuenta de la importancia que la gastronomía tiene en una sociedad, algo que nos tiene que motivar más que nunca.