Periodista

El mundo de las constructoras es amplio y en Mendoza hay diversas firmas conocidas. Sin embargo, Monteverdi Construcciones es –sin duda- unas de las que más renombre tiene debido a que su marca resuena tanto en quienes se dedican al rubro como en los que nada tienen que ver con el mundo de los ladrillos.

Tal vez sea por los más de 60 años de trayectoria de la firma creada por Aldo Monteverdi que hoy llevan adelante sus hijos y nietos. Una de estas últimas es Valentina Monteverdi, arquitecta y gerenta de la empresa, quien contó que una de las políticas que prevalece es “dejar pasar trabajos que no estamos seguros si vamos a poder cumplir”. Quizás esa sea otra razón de la permanencia y nombre de esta empresa que, pese a eso, está en movimiento continuo con el fin de salir adelante en un contexto recesivo.

El fuerte de Monteverdi pasa por los proyectos industriales e importantes; es decir, por levantar espacios para manufacturar productos o que sean de envergadura. Por caso, hoy la firma trabaja en un gran edificio en pleno centro de San Juan –perteneciente a Del Bono, también dueño de hoteles y casinos.

En su haber se puede contabilizar desde la construcción de una base para una antena en Malargüe a pedido de la Nasa Europea hasta bodegas y hoteles 5 estrellas pasando por la única fábrica de zapatillas que Puma tiene en América Latina (en La Rioja), la empresa de construcción en seco Knauf, la cementera Avellaneda en San Luis y la construcción de naves de almacenaje de papas naturales con atmósfera controlada de la fábrica de papas Simplot; entre otras obras.

En este contexto, la Constructora no se dedica a viviendas familiares o proyectos similares. Lo que no quiere decir que hoy no busque ese tipo de público, pero, esta vez lo hace con una unidad de negocios nueva como es la planta de hormigón que tiene en su sede de acceso Sur casi Paso y que busca abastecer tanto a otras empresas constructoras como a particulares que lo necesiten para levantar sus casas.

La firma siempre fabricó su propio hormigón en obras grandes como una manera de asegurarse la calidad deseada. Por este motivo, hace dos años se plantearon poner una planta para satisfacer sus propias necesidades y en parte dejar de depender de otros proveedores pero, sobre todo, como una manera de aprovechar recursos humanos y de capital ya disponibles. “Es el hormigón que hacemos nosotros, con nuestra calidad, al alcance de cualquiera y no es producto caro”, especificó Valentina al tiempo que aclaró que –por las características de este material- su radio de influencia es el Gran Mendoza.

Así, aunque comenzaron a vender primero a empresas conocidas, la planta ya tiene vida propia y no solo ha automatizado y certificados sus procesos con el fin de poder estandarizar la calidad y ordenarse sino que también ha dado sus primeros pasos en el mundo del marketing y las redes sociales.

Por las características de sus clientes, la constructora no había echado mano a este recurso y, con la nueva propuesta, la presencia general en redes e internet se convirtió en un punto clave. Este es uno de los cambios que la nueva generación de la firma –como Valentina, su hermano Germán que es el presidente y los primos más chicos que se van sumando- ha comenzado a implementar con el fin de modernizar procesos, pero siempre atentos a la experiencia de los mayores que, por ejemplo, cuando comenzó la pandemia recomendaron no desesperar ya que –en un país como Argentina- haber atravesado diversas crisis periódicas sin haber muerto en el intento es una competencia en sí misma.

Certificar y tecnificar otros procesos en las áreas de la empresa como lo es la construcción metálica, continuar la apuesta por los desarrollos inmobiliarios que la firma realiza cada dos o tres años y abrirse hacia mercados como Chile en donde hoy están cotizando un edificio; son otras de las apuestas de Monteverdi para este año pese a que saben que, como el pasado y pandemia mediante, no será sencillo.

“Es riesgoso tomar obras grandes por las distintas variables en juego”, adelantó Valentina y contó que en este en contexto hay todo tipo de proyectos en danza, algunos muy ambiciosos que se frenaron y otros que van con pie de plomo. “Como todos, estamos tratando de cumplir con nuestras obligaciones”, resume la gerenta de la empresa quien día a día toma decisiones, evalúa, sopesa e innova en una suerte de equipo familiar que funciona más allá del apellido y que incluye una formación estricta.

Valentina, con 34 años, hace más de 10 que forma parte de la empresa familiar. Y es que desde que tiene memoria jugaba a hacer casitas; tal vez inspirada en los recorridos por las obras con su padre y sus tíos. Poco antes de graduarse empezó a trabajar en una obra de la firma con el fin de aprender e ir ganando experiencia. Obtuvo la generosidad de los jefes (mayores que ella) ya que la conocían desde chica pero, en especial porque supo ganarse el respeto y disfrutar de los “beneficios de trabajar y crecer en tu lugar”.