lunes 09 de febrero de 2026 - Edición Nº5789
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Empresas Y Negocios | 9 feb 2026

Cuando no se puede aumentar salarios: qué están haciendo hoy las empresas mendocinas

08:00 |Con márgenes ajustados y salarios congelados, las empresas mendocinas redefinen su contrato laboral: beneficios inteligentes, productividad real y decisiones quirúrgicas para sostener EBITDA.


Durante años, frente a la inflación, la respuesta fue casi automática: ajustar salarios. Sin embargo, en el contexto actual, muchas empresas mendocinas se encuentran con un límite claro: los márgenes no permiten seguir trasladando aumentos al costo laboral sin comprometer rentabilidad, precios o empleo.

El resultado es un escenario particular: la inflación desacelera, pero el malestar laboral no desaparece. Y la pregunta que recorre oficinas, fábricas y comercios es siempre la misma: si no se puede pagar más, ¿qué se hace?

La respuesta es menos visible de lo que parece, pero muy concreta.

Del aumento salarial a la administración de la tensión

Cuando el salario deja de ser la herramienta principal, las empresas no se paralizan. Cambian de estrategia. En lugar de resolver el problema, comienzan a administrar la tensión entre costos, expectativas y productividad.

Una de las primeras decisiones es reemplazar salario por tiempo. La flexibilidad horaria, el home office parcial o las jornadas más cortas aparecen como moneda de cambio. No mejoran el ingreso, pero sí la calidad de vida. En un contexto de desgaste, el tiempo empieza a valer tanto como el dinero.

Rediseñar beneficios: impactar percepción, no costo total

Cuando el margen salarial se agota, muchas empresas empiezan a trabajar sobre otra variable clave: los beneficios. No para sumarlos indiscriminadamente, sino para rediseñarlos con criterio.

La tendencia es clara: menos beneficios universales y más beneficios focalizados. Salud, transporte, alimentación, educación o apoyos puntuales en gastos sensibles aparecen como ejes prioritarios. No porque sean novedosos, sino porque impactan directamente en la vida cotidiana de las personas.

También ganan espacio los beneficios low cost, pero de alto valor percibido. Acciones que no alteran de manera significativa la estructura de costos, pero sí modifican la percepción del ingreso total y el vínculo con la empresa.

Este corrimiento no es menor: el salario deja de ser leído solo como un número y empieza a evaluarse como una experiencia más amplia de compensación. El objetivo no es aumentar el costo total, sino mejorar cómo se vive lo que se recibe.

Lejos de ser un tema “blando”, el rediseño de beneficios tiene un impacto directo en el EBITDA. Beneficios bien elegidos pueden mejorar compromiso, reducir rotación y evitar costos ocultos de reemplazo, ausentismo o bajo desempeño. Cuando están alineados al negocio, no solo cuidan la percepción del ingreso, sino que protegen el resultado operativo. Por el contrario, beneficios mal diseñados o generalizados sin criterio pueden convertirse en un costo fijo que no agrega valor ni a las personas ni a la rentabilidad.

Estructuras más chicas, decisiones más exigentes

Otra decisión frecuente es congelar o ralentizar la estructura. Vacantes que no se cubren, equipos que se reorganizan y personas que absorben más tareas. Esta estrategia cuida la caja, pero tiene un costo oculto: si se prolonga, empieza a erosionar productividad y clima interno.

En muchos casos, estas decisiones se toman sin un marco claro de comparación: no siempre se sabe si el problema es propio de la empresa, del sector o del mercado en general. Y cuando no hay referencias confiables, la gestión se vuelve más reactiva que estratégica.

Aquí aparece una señal clara del momento actual: las empresas no despiden masivamente, pero tampoco crecen. Se mueven en una zona intermedia, de cautela extrema.

Un cambio silencioso en el contrato laboral

Cuando no hay margen para prometer mejoras económicas, también cambia el vínculo. El llamado contrato psicológico se vuelve más transaccional. Menos promesas de desarrollo futuro y más foco en cumplir lo acordado hoy.

Esto da lugar a un fenómeno cada vez más visible: personas que no renuncian, pero tampoco se comprometen más allá de lo mínimo necesario. No es desinterés; es realismo frente a un contexto que no ofrece señales claras.

Ajustes quirúrgicos y equilibrios frágiles

Lejos de los aumentos generalizados, muchas empresas están optando por ajustes selectivos. Retienen talento clave, corrigen desvíos puntuales o mejoran ingresos en posiciones críticas para el negocio. El riesgo es evidente: la equidad interna se vuelve más frágil y las comparaciones se intensifican.

Cuando no hay información clara, la intuición suele reemplazar al análisis. Y en contextos de restricción, la intuición suele salir cara: decisiones mal calibradas generan conflictos, rotación no deseada o costos ocultos que podrían haberse evitado.

El regreso —tardío— de la productividad (sin perder el foco del negocio)

Cuando no se puede pagar más, la conversación inevitablemente cambia de eje y aparece la pregunta por la productividad real: qué aporta cada rol, qué tareas generan valor y qué procesos pueden mejorarse. Pero acá hay una advertencia clave que muchas empresas aprenden tarde: productividad no es recorte ciego.

En contextos de ajuste, existe la tentación de reducir costos sin mirar el impacto comercial. Sin embargo, perder de vista el objetivo de ventas puede terminar siendo más dañino que el problema que se intenta resolver. Recortes mal diseñados, equipos sobrecargados o decisiones tomadas solo desde el gasto suelen afectar la capacidad de generar ingresos y deteriorar el negocio en el mediano plazo.

Por eso, el indicador que debería ordenar la conversación no es uno aislado, sino el EBITDA. Es ahí donde confluyen ingresos, costos, estructura y eficiencia operativa. Ajustar sin mirar EBITDA es optimizar una parte del sistema a costa del todo.

No se trata de trabajar más horas ni de achicar por reflejo, sino de alinear productividad con resultado económico. En Mendoza, donde muchas pymes no pueden trasladar costos a precios y compiten con márgenes ajustados, sostener ventas mientras se cuida el EBITDA es hoy el verdadero desafío de gestión.

Esperar también es una decisión

Finalmente, hay empresas que eligen postergar definiciones. Confían en una mejora del contexto macro, estiran negociaciones y apuestan a la estabilidad. Esta estrategia puede dar aire en el corto plazo, pero acumula desgaste si no llega acompañada de señales claras hacia adentro de la organización.

El verdadero dilema

Lo que muestran estas decisiones es que el problema ya no es solo salarial. El desafío para las empresas mendocinas pasa por cómo decidir cuando el margen económico es limitado.

En escenarios donde no se puede aumentar salarios, la diferencia ya no está en cuánto se paga, sino en cómo se toman las decisiones. Y esa decisión —más que nunca— requiere información, criterio y lectura de contexto.

Lo contrario no es neutral: es costoso.

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