Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), a simple vista, parecerían no dejar lugar a dudas: por primera vez en años, en la Argentina se recupera el consumo interno.

De acuerdo con el reporte difundido en febrero, relacionado con el mercado doméstico, la entidad informó que la venta de vino acumulada entre enero y diciembre de 2019 superó los 8,8 millones de hectolitros, lo que implicó un crecimiento del 5,1% respecto de los niveles de 2018.

Según dicho reporte, el mercado se dividió entre vinos sin mención varietal (72%), varietales (24,5%) y el resto entre espumantes y otras categorías.

Y en cuanto a los envases, los que más crecieron fueron las botellas de entre 1.000 y 1.500 centímetros cúbicos, con un alza del 36%. Son vinos que están en un segmento de precios de menos de $150. Como contrapartida las clásicas botellas de 750 cm3, para vinos de gama media y alta, mostraron una caída del 0,8%.

El punto controvertido del informe es que, según el INV, el consumo per cápita habría pasado de 18,8 al 19,6 litros, constituyéndose, según las estadísticas en la mayor suba en cerca de cuatro décadas.

Sin embargo, desde el sector bodeguero pusieron el grito en el cielo: argumentan que, según reportes que maneja la industria, el consumo no solo no subió sino que siguió cayendo, agravando la situación de crisis en la que está inmersa la industria desde hace años.

“Las auditorias de mercado de 2019 indicaron caidas de 2% en vino de mesa y 7% en varietales. Por ello, debemos interpretar con precaución los números de despachos del INV”, explica Francisco do Pico, vicepresidente de Bodegas de Argentina.

Estas auditorías se realizan en cerca de 3.000 bocas de venta alrededor del país y en el sector las consideran sumamente representativas.

“Es factible que los clientes de las bodegas hayan repuesto stocks, pero los consumidores no están aún tomando más vino”, recalca Do Pico.

“Todas las bebidas sufrieron caídas en 2019. Muchas de doble digito. El consumo de vino cayó también, pero menos que otras categorías. Eso es positivo. Veremos cómo evolucionan las ventas en los próximos meses, para ver si los despechos reflejan fehacientemente más consumo”.

En off, un reconocido bodeguero remarca que los datos del INV pueden prestarse a lecturas erróneas: “Algunos despachos que figuran como tal, es decir, como operaciones de venta, en realidad son envíos que se hacen de una planta a otra, propiedad de una misma bodega”.

“Es positivo que suban los despachos, pero esto no significa necesariamente que haya habido un incremento del consumo”, agrega.

En momentos en que las bodegas enfrentan una dura coyuntura y deben definir estrategias para pelear por cada décima de share, esta divergencia estadística claramente no le suma al negocio.