Galicia está que arde en las fantasías de los enólogos. Desde Ribera Sacra y Bierzo en tintos, pero sobre todo Rías Baixas para los blancos. No es para menos: los suelos de granito meteorizado son pobres, pero sobre todo, drenables en una zona donde llueve casi tanto como en Buenos Aires, y al mismo tiempo el frío del Atlántico permite sostener blancos y tintos de alta frescura. Son los raros de la góndola global y, al mismo tiempo, los recién descubiertos.

¿Pero qué es lo que llama la atención de los enólogos, como para que de un tiempo a esta parte, Galicia se haya convertido en un lugar caliente para las fantasías del vino?
Con todo, lo que hoy buscan los enólogos allá –polos tan opuestos como Matías Michelini y Sebastián Zuccardi de un lado, y Héctor Durigutti, por otro– es la piedra filosofal de la frescura, hoy un valor en ascenso entre los paladares más sofisticados. Y así, Galicia despunta en el mapa como un destino codiciado y por descubrir.

Es el caso del nuevo proyecto vitivinícola del enólogo mendocino Matías Michelini. La bodega se llama “O Morto Wines” y el proyecto “Tiro al Blanco”, ideado por Matías junto a sus socios Sergio Cortés y Alejandro González.

El proyecto  se sustenta por 4 hectáreas de pequeñas fincas, con una gran diversidad de variedades autóctonas como las blancas, Treixadura y Godello, y las tintas Mencía y Brancellao.

Los vinos proceden de pequeñas parcelas, que transmiten la estética del lugar, encauzados por todo el conocimiento de Matías Michelini.