Mauricio Barzola y Francisco Teot, fundadores y socios de Wakapi, son ingenieros mendocinos, egresados de la Universidad Tecnológica Nacional y cuentan con más de 20 años de experiencia en la industria del software. Después de trabajar juntos en algunos proyectos, en el año 2006, “cuando fue el Mundial de Alemania”, recuerdan, decidieron asociarse para emprender y buscar algo nuevo.

Así nació su compañía, solo ellos 2, en un departamento de la Ciudad. “Conseguimos nuestro primer cliente en España para quien desarrollábamos servicio de outsourcing tecnológico y luego llegaron clientes de Estados Unidos. Un buen sitio web, hacer patria en todos lados y mucho pulmón fueron las claves para ingresar a esta industria y sostenernos”, declaran.

Mauricio Barzola y Francisco Teot, fundadores de Wakapi.

Hoy, la compañía desarrolla software para empresas de diversos sectores, desde la industria de comida rápida, hasta proyectos energéticos de gran envergadura, y el 100 % de sus clientes está fuera de Argentina. Cuenta con 60 colaboradores (45 trabajan de manera presencial y el resto, de forma remota en distintos puntos del país y en Brasil).

Luego de encarar un intenso proceso de renovación de identidad junto a la agencia local Rule Branding, la empresa estrenó nueva marca -Wakapi- y hace unas semanas, el team se mudó a un edificio de 1000 metros cuadrados, totalmente acondicionado, ubicado en Godoy Cruz. La inversión para la puesta a punto de las instalaciones fue de 15 millones de pesos y provino de capitales propios.

Otra visión empresaria

“Más allá del servicio de outsourcing tecnológico que brindamos, tenemos una nueva visión empresaria que busca desarrollar el talento y generar oportunidades para nuestros colaboradores y la comunidad tecnológica; la mudanza y el cambio de marca son parte de ella”, destacan.

Para eso, Wakapi tiene el propósito de llevar adelante un programa emprendedor destinado a su gente. “Queremos animarlos a desarrollar ideas de negocios, analizarlas, discutirlas y concretarlas. La diferencia con una incubadora de empresas tradicional es que nosotros tenemos el capital humano y el financiamiento para llevar a cabo los proyectos.

La idea es que la iniciativa tenga un efecto rebote muy grande, sabemos que es un camino difícil pero estamos convencidos de que el éxito está en recorrer el camino, en capacitar a las personas y crear empleo. El valor se va a generar a partir de la participación y el espíritu colaborativo”, continúan.

En una segunda etapa, los socios esperan extender el proyecto a todos aquellos interesados en emprender dentro del ámbito tecnológico y planean crear una academia de formación de talentos para 2020.

“Nuestro objetivo 2019 ya se cumplió y ahora queremos ir por más, generar oportunidades reales, abrir las puertas y ser una fuente de formación en tecnología y capital humano. Estos son nuestros pilares: la gente, el desarrollo emprendedor y la inversión en tecnología; sabemos que allí está el valor”, concluyen.