Gonzalo Innocenti es un emprendedor mendocino con un largo camino en diferentes empresas y proyectos. Es ingeniero industrial, egresado de la UNCuyo, cuenta con un MBA otorgado por el IAE Business School y, actualmente, cursa un máster en el Instituto de Estudios Bursátiles de España, a donde vive con su familia.
En diálogo con Ecocuyo nos cuenta sobre sus inicios y enfoque actual.
¿Cómo comenzó tu pasión por emprender?
Mi primera experiencia laboral fue en una fábrica de Mendoza a donde realicé mis pasantías universitarias y me quedé trabajando en el área de laboratorio y mantenimiento. Allí encaré la integración de todas las computadoras para obtener una base de datos única y descubrí un interés particular por la tecnología.
En el año 2009 comencé a desarrollar un sistema de historias clínicas únicas para el sector medicina. Si bien el proyecto nunca vio la luz, me dio la oportunidad de conocer a otros profesionales, quienes luego serían mis socios: Carlos Tomba, Ezequiel Prieto, Lisandro Rabida y Federico Daffra.
¿Cuál fue la primera empresa que fundaste?
Junto a Carlos Tomba, quien se desempeñaba en Tarjeta Nevada, creamos Tween, un sistema de pagos vía SMS destinado a usuarios de tarjetas de crédito. Era un modelo similar al de la tecnología OTP (One-Time Password).
Luego vino la plataforma de e-commerce Precios Bajos, una especie de Mercado Libre para diferentes comercios y en el año 2015 nos metimos en el mundo del bitcoin y blockchain.
En paralelo cursé un MBA en el IAE, que fue una experiencia muy enriquecedora, y al finalizarlo, fundé la billetera digital PALTA.
También decidí hacer un viaje durante 1 año para conocer diferentes ecosistemas emprendedores del mundo.
¿Cuál fue el mayor aprendizaje de ese viaje?
Tuve la oportunidad de recorrer Santiago de Chile, São Paulo, Barcelona, Berlín, Israel, Tailandia, Singapur, Shanghái, Beijing, Malasia, Tokio y Nueva Zelanda. Sin dudas, Israel fue el punto de inflexión, ya que es un ecosistema dedicado 100% a la industria del conocimiento y a la tecnología.
Me di cuenta que los espacios de coworking eran fundamentales como nodos y puntos de conexión y colaboración para los emprendedores. Por eso, junto a Álvaro Gandía, quien estaba en España en ese momento, comenzamos a pensar en desarrollar un lugar así en Mendoza.
A mi regreso nos conectamos con Renata Sánchez, Federico Daffra y Valentina Terranova y así nació Campus Olegario, que funciona en Olegario Andrade 315, Ciudad.
¿Cuál fue el siguiente paso?
Notamos que, además de generar un espacio colaborativo, era necesario ayudar a los emprendedores a fondearse. Por eso, en 2017, junto a Valentina Terranova y Belén Fernández surgió la aceleradora Embarca para invertir en proyectos de base tecnológica en etapas tempranas.
La primera acción la denominamos DEMO DAY (fue un aporte colectivo de 25.000 dólares para invertir en un proyecto innovador). En 2018 fuimos seleccionados por el Ministerio de Producción de la Nación junto a 10 aceleradoras del país para integrar un programa que nos permitió crear nuestro primer fondo de inversión.
Actualmente vamos por el segundo fondo y se sumaron al equipo Maximiliano Campanella, Lucas Fernández y Julia Kerman.
Ya hemos invertido en más de 30 startups argentinas. Una de ellas es EGG (dedicada al entrenamiento corporativo colaborativo) de la cual soy cofundador junto a Ignacio Gómez Portillo y Carolina Pérez Mora. Allí me desempeñé en las áreas de Finanzas y Tecnología hasta febrero de 2025.
¿En qué proyectos estás trabajando hoy?
Desde 2023 estoy instalado en Valencia, España junto a mi familia. Estoy realizando un máster en bolsas y valores en el IEB (Instituto de Estudios Bursátiles) y un curso en Familias patrimoniales. Ya comencé a trabajar con mi padre y mis hermanos en la administración de nuestro patrimonio y, eventualmente, lo podré replicar en otras empresas familiares.
¿Cuáles creés que son las oportunidades en este sector?
Me gusta la idea de generar un ambiente colaborativo en las empresas familiares como ocurre con la tecnología.
El 60 % de estas compañías quiebra por problemas de planificación, falta de comunicación o de confianza y el cambio de enfoque no se termina de dar. Por lo general, la segunda generación no es capaz de invertir con inteligencia el patrimonio que consiguió el fundador.
A diferencia de los bancos, la bolsa es una herramienta muy útil, que permite liquidez, transparencia y posibilidad de diversificación.
¿Cómo se integra la Inteligencia Artificial en esta alternativa?
Principalmente es una herramienta muy poderosa cuando existe tanta asimetría de información, como ocurre en el sector financiero.
La IA democratiza y simplifica el acceso a la información, derribando barreras y el verdadero desafío está en la capacidad de preguntar.
La gestión patrimonial ha estado centrada en los bancos, quienes han ganado mucho terreno con un producto ineficiente. Creo que se viene una nueva ola con vehículos de inversión más simples e índices con costo operativo menor.