Con el foco puesto en las condiciones que hoy definen quién entra y quién queda afuera de las grandes cadenas de valor, la Bolsa de Comercio de Mendoza (BCM) fue sede de “Mendoza Competitiva: las capacidades que exige el mercado”, un conversatorio con taller práctico que reunió a empresas y proveedores de distintos sectores.
Del encuentro participaron empresarios y referentes del entramado productivo local, en una jornada que la Bolsa de Comercio de Mendoza impulsó junto a Transparencia Latam y Linking Values. La apertura estuvo a cargo de Sabrina Salvi, directora de Relaciones Institucionales y Comunicación de la BCM; el encuentro fue moderado por Paula Cortijo, abogada experta en Gobernanza, Compliance y Sostenibilidad con evidencia y Founder & CEO en Transparencia Latam, además compartieron su experiencia Raúl Giuffre responsable de la empresa Giuffre Maderas; Maximiliano Ivanissevich, director de Asuntos Corporativos y Capital Humano de 360 Energy y Pablo Daniel Sanabria, socio de Cassagne Abogados.
Al dar la bienvenida, Sabrina Salvi enmarcó la propuesta en la etapa que atraviesa la institución:
“Desde la Bolsa creemos que la competitividad no se construye de manera individual. Se construye generando vínculos, compartiendo conocimiento y articulando entre empresas, sector público y privado, cámaras e instituciones”.
Sabrina Salvi, directora de Relaciones Institucionales y Comunicación de la BCM; Maximiliano Ivanissevich, director de Asuntos Corporativos y Capital Humano de 360 Energy; Raúl Giuffre responsable de la empresa Giuffre Maderas; Pablo Daniel Sanabria, socio de Cassagne Abogados y Paula Cortijo abogada experta en Gobernanza, Compliance y Sostenibilidad con evidencia y Founder & CEO en Transparencia Latam.
“Hoy ya no alcanza solamente con tener un buen producto o brindar un buen servicio. Los mercados exigen cada vez más: profesionalización, transparencia, cumplimiento, sostenibilidad y capacidad de adaptación.Y estar preparados para esas exigencias también significa estar preparados para crecer, acceder a nuevos mercados y aprovechar nuevas oportunidades de negocio e inversión” agregó la directora de Relaciones Institucionales y Comunicación de la BCM.
La jornada partió de la distancia real que separa hoy a buena parte del entramado empresario mendocino de los requisitos que exigen las compañías que desembarcan en la región.
La brecha entre la inversión que llega y la empresa que la recibe
Compliance, gestión de riesgos, trazabilidad de procesos y estándares de calidad dejaron de ser un diferencial competitivo para convertirse en la condición mínima de entrada. Sin esas capacidades acreditadas, una empresa no accede a financiamiento, no califica como proveedora y no logra integrarse a las grandes cadenas de valor, por más cerca que tenga la oportunidad.
Con respecto a qué se les está pidiendo hoy a las empresas, por qué no llegan y qué se puede corregir en el corto plazo. Paula Cortijo, Founder de Transparencia Latam, mencionó:
“Quien compra, invierte o financia ya no mira solamente el producto, el precio, la calidad y el plazo, sino cómo la empresa toma decisiones, qué riesgos enfrenta, qué controles tiene y de qué manera puede demostrarlo”.
Ahí aparece la brecha, muchas firmas gestionan bien, pero no lo documentan, y hoy lo que no se documenta no existe para quien evalúa. La corrección de corto plazo, señaló, empieza por conocer la propia situación antes de comprometerse con un estándar.
Tres miradas sobre una misma exigencia
El conversatorio articuló tres perspectivas complementarias sobre el mismo problema. La mirada jurídica estuvo a cargo de Pablo Daniel Sanabria, socio de Cassagne Abogados, que trabajó sobre casos concretos y riesgos legales ya materializados. Sobre esto, mencionó que desde 2017 rige en la Argentina la responsabilidad penal de las personas jurídicas: ante un hecho de corrupción la sanción alcanza también a la compañía, y contar con un programa de integridad puede morigerar o incluso excluir la pena.
A ese riesgo se suma el reputacional y un obstáculo que no es normativo sino cultural, porque en toda organización conviven las normas escritas con prácticas arraigadas que ningún manual corrige por sí solo.
La experiencia empresarial la aportó Raúl Giuffre, de Giuffre Maderas, y se refirió a lo que ocurrió en 2020, cuando un cliente multinacional le comunicó que debía certificar sus procesos en una plataforma internacional de evaluación, que paga el proveedor, si quería seguir siendo parte de su cadena.
La primera calificación fue regular y recién documentar y sistematizar cada proceso le permitió alcanzar la aprobación, en una evaluación que desde entonces se repite todos los años.
Remarcó que la exigencia no es exclusiva de las grandes compañías, sino que alcanza a todas a su escala, y que ordenar esa documentación terminó siendo una mejora interna: el conocimiento que antes dependía de una persona quedó escrito y se volvió transferible.
La tercera voz llegó desde Maximiliano Ivanissevich, director de Asuntos Corporativos y Capital Humano de 360 Energy, una empresa local que gestiona su propia red de proveedores.
Maximiliano expuso sobre el salto que implicó el ingreso de Stellantis como accionista de la compañía: aún siendo socio, el grupo automotriz la evaluó como a cualquier otro proveedor y la primera medición arrojó 30 puntos sobre 100. A partir de ahí, 360 Energy formalizó y certificó su gestión ambiental, social y de integridad, un estándar que hoy vuelve a exigirle el financiamiento internacional y que la propia empresa traslada a sus proveedores.
Del diagnóstico al taller: por dónde empezar
La jornada continuó con un taller práctico sobre riesgos ESG, orientado a que cada empresa identifique su propio punto de partida y las primeras medidas concretas a tomar. Diferenció estas herramientas clave:
Un autodiagnóstico breve y anónimo sobre los cuatro ejes de riesgo que hoy se evalúan en cualquier cadena de valor: derechos humanos, estándares laborales, ambiente e integridad.
El mapeo de los riesgos propios y los de la cadena de valor, con un código de conducta, procedimientos escritos y capacitación al personal como primeras medidas de mitigación. El riesgo nunca llega a cero, pero cada medida lo reduce.
La construcción de evidencia verificable, registros, documentación y monitoreo, porque los distintos marcos vigentes exigen gestionar, documentar y demostrar.
Con Mendoza Competitiva, la Bolsa de Comercio de Mendoza dejó planteado que atraer inversiones es solo la mitad del problema: la otra mitad es que las empresas locales estén en condiciones de trabajar con ellas. Preparar a la cadena de valor mendocina para esa exigencia es, para la institución, la forma más concreta de hablar de competitividad y convertir la incertidumbre en una hoja de ruta.