jueves 26 de enero de 2023 - Edición Nº4679

Empresas Y Negocios | 25 dic 2022

#DOAtips ¿Qué podemos aprender para la vida corporativa del liderazgo "a la Scaloneta"?


En las columnas anteriores abordamos la construcción de la propuesta de valor de la empresa, el miedo a contratar capital humano y la necesidad de gestionar el ego como estrategia de supervivencia.

Hoy nos enfocaremos en la conformación de equipos de trabajo de alto rendimiento y para ello, tomaremos como ejemplo a la Selección Argentina de Fútbol.

Por lo general, para los empresarios es un tema difícil. En el día a día, la mayoría experimenta la soledad del cargo, asumiendo el peso de que todo salga bien, para lo que destina una gran cantidad de tiempo y energía. Esta situación, en muchos casos genera un alejamiento de su vida social, pareja, amigos y familiares.

La consecuencia es la aparición de sentimientos de sufrimiento y aferración, así como la queja constante. Este es un síntoma de la necesidad de delegar, no como una elección, sino como una condición.

Hacia la construcción de mi “dream team”

Si hacemos una analogía con la Selección Argentina, vemos que también venía de años de sufrimiento. Sin embargo, durante el Mundial, hubo variables que generaron un cambio, principalmente en su identidad, lo que repercutió positivamente en sus resultados.

En primer lugar, tuvo un nombre distinto. Parece un dato menor, pero llamarse “La Scaloneta”, le confirió al equipo una estructura ideológica, una identidad de representación.

En segundo lugar, la canción “Muchachos”, que se convirtió en un himno, también aportó a la construcción de esa identidad para todas las partes interesadas: el propio equipo, los hinchas, los periodistas y hasta los competidores.

Estos elementos permitieron soportar diferentes situaciones: entre ellas, la derrota del primer partido (que en otro momento de la historia nacional del fútbol hubiera sido una catástrofe).

Cuando sabemos quiénes somos tenemos la capacidad de disfrutar del camino, de darnos cuenta qué funciones cumplimos, qué queremos y qué merecemos.

Así como en un equipo de fútbol, en cualquier organización, la estructura ideológica compromete a sus integrantes a través de ciertos valores y allana el camino para motivarlos.

Básicamente, esta estructura trabaja sobre la tercera necesidad insatisfecha que plantea Maslow en su pirámide: la afiliación. Ser parte de un grupo social con un mismo objetivo genera sentido de pertenencia, sentimiento vital para la raza humana.

En términos del concepto de estructura ideológica, al cantar “quiero ganar la tercera”, todos nos sentíamos parte de lo mismo, de algo superior, de una forma de vida que nos trasciende. Justamente, el concepto de “visión” responde a quién soy y a dónde quiero llegar y el de “misión”, a qué me comprometo para hacerlo.

La identidad del equipo es la consecuencia de la asimilación de la estructura ideológica y con ella arranca el pensamiento y la disociación del ego positivo y negativo. De esta manera, el grupo social es capaz de asignar roles a cada miembro, convirtiéndose en un equipo.

Evitar el sufrimiento implica la práctica del hedonismo, cuya creencia se centra en la búsqueda de placer, de disfrutar del aquí y del ahora, algo, que en la vida empresaria, solo puede lograrse con un equipo de alto rendimiento como hizo Lionel Scaloni.

En definitiva, con identidad, la opción matar o morir implicará las prácticas del hedonismo y con ello, tener el mundo a nuestros pies.

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