En 2023, Mariano Fuligna y Fernando Barrionuevo decidieron hacer algo que, en principio, tenía poco que ver con sus recorridos profesionales: abrir un negocio gastronómico.
No comenzaron con un gran salón ni con una estructura empresarial consolidada. Tampoco tenían experiencia previa en el rubro.
Empezaron con un foodtruck instalado en un patio de comidas de calle Juan B. Justo, con una propuesta concreta: hacer hamburguesas diferentes y construir una marca alrededor de ellas.
La respuesta del público fue más rápida de lo esperado.
A los pocos meses, el primer foodtruck quedó chico y fue reemplazado por uno de mayores dimensiones. Poco después llegó el salto al primer local físico, impulsado por una demanda que continuaba creciendo.
Lo que había comenzado como un emprendimiento entre dos amigos empezó a transformarse en una empresa gastronómica.
Hoy, TBT Burger vende más de 20.000 hamburguesas por mes, cuenta con dos locales propios en Mendoza, reúne una comunidad de más de 66.000 seguidores en Instagram y está trabajando en el desarrollo de un modelo de franquicias.
El recorrido, en poco más de tres años, plantea una pregunta que va más allá de la gastronomía: ¿cómo se transforma un emprendimiento nacido desde una oportunidad puntual en un modelo de negocio capaz de crecer y replicarse?
DEL PRODUCTO A UN MODELO DE NEGOCIO
Desde sus comienzos, TBT tomó una decisión que sus fundadores consideran central: construir la marca a partir del producto.
Las hamburguesas grandes y abundantes, una estética reconocible y una propuesta alejada de la hamburguesa tradicional se convirtieron en parte de su identidad.
Pero, a medida que el negocio creció, apareció un desafío diferente: cómo garantizar que aquello que hizo reconocible a TBT pueda mantenerse cuando aumenta el volumen de producción, se abren nuevos puntos de venta y la marca empieza a proyectar su expansión.
Dentro de la empresa hay una frase que resume esa búsqueda: “Nunca falla”.
Para los fundadores, no se trata únicamente de que el producto sea atractivo, sino de conseguir que quien elige TBT sepa qué va a encontrar cada vez que vuelve. Esa consistencia se convirtió en uno de los principales desafíos del crecimiento.
“Cuando empezamos, hacer una buena hamburguesa era el objetivo. Hoy el desafío es mucho más grande: queremos que todo lo que hacemos pueda sostenerse cuando la marca siga creciendo”, explican Mariano Fuligna y Fernando Barrionuevo.
DOS LOCALES Y TRES FORMATOS DE NEGOCIO
Actualmente, TBT cuenta con dos locales propios en Mendoza.
El primero está ubicado en Paso de los Andes 1189, esquina Agustín Álvarez, en Ciudad, y fue concebido como un restaurante de hamburguesas, con una propuesta que busca ampliar la experiencia más allá del formato tradicional de fast food.
El segundo funciona en Antonio Tomba 32, Godoy Cruz, dentro de Punto Cruz, un espacio que combina gastronomía, cerveza, arte y tragos.
Pero los locales no son el único formato desarrollado por la empresa.
TBT también creó una propuesta de foodtruck para eventos, que permite llevar la marca a distintos escenarios: desde celebraciones privadas y casamientos hasta eventos corporativos, recitales y festivales.
De esta manera, el negocio comenzó a estructurarse sobre tres unidades complementarias:
Esta diversificación permite a la marca explorar diferentes canales de comercialización sin depender exclusivamente del funcionamiento de sus restaurantes.
UNA COMUNIDAD DIGITAL QUE TAMBIÉN ES PARTE DEL NEGOCIO
Otro de los activos que TBT construyó durante su crecimiento fue su comunidad digital.
Actualmente, la marca supera los 66.000 seguidores en Instagram, una audiencia que fue creciendo en paralelo al desarrollo del negocio.
Las redes sociales funcionan como canal de comunicación de nuevos productos, lanzamientos y promociones, pero también como una herramienta para construir reconocimiento y mantener una relación cotidiana con sus consumidores.
Para los fundadores, esa comunidad tiene un valor que excede la cantidad de seguidores.
Es una audiencia que acompañó el crecimiento de TBT desde sus primeras etapas y que hoy forma parte del ecosistema comercial de la marca.
La combinación entre producto, comunidad y presencia física terminó construyendo uno de los principales activos de TBT: una marca que logró generar reconocimiento local en un mercado gastronómico altamente competitivo.
EL PRÓXIMO DESAFÍO: FRANQUICIAR
Con dos locales propios funcionando y un volumen de ventas que supera las 20.000 hamburguesas mensuales, TBT está trabajando actualmente en el desarrollo de su modelo de franquicias.
La primera etapa apunta a consolidar el formato dentro de Mendoza y sumar nuevos puntos de venta.
La expansión hacia otras provincias aparece como una segunda instancia, una vez que el modelo esté suficientemente estructurado para replicar la propuesta manteniendo los estándares que la marca construyó desde sus comienzos.
Y ahí aparece uno de los desafíos más importantes para cualquier empresa gastronómica que busca escalar: crecer sin perder aquello que la hizo reconocible.
Para TBT, eso implica mucho más que replicar una receta. Significa poder trasladar el producto, la experiencia, la identidad y la forma de relacionarse con el cliente a nuevos puntos de venta.
“Queremos crecer, pero no queremos que crecer signifique dejar de ser TBT. El desafío es justamente lograr que la marca pueda multiplicarse sin perder lo que construimos desde el primer día”, señalan sus fundadores.
UNA HISTORIA QUE RECIÉN ESTÁ EMPEZANDO
En poco más de tres años, TBT pasó de un foodtruck instalado en un patio de comidas a contar con dos locales propios, una operación que supera las 20.000 hamburguesas mensuales, una comunidad digital de más de 66.000 personas y un modelo de franquicias en desarrollo.
El próximo capítulo será convertir ese crecimiento en una estructura preparada para escalar.
Por ahora, los dos socios que comenzaron el proyecto con una idea sencilla tienen un objetivo bastante más ambicioso: convertir TBT en una marca gastronómica mendocina con capacidad de crecer más allá de sus propios locales.
Y hacerlo sin perder la premisa que los acompañó desde el comienzo: Que nunca falle.